Diario de León
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«Todos los días atendemos casos así, personas que se han quedado estancadas en situación de desempleo y no ven salida, lo que se traduce en una situación personal dramática y convierte la convivencia en el hogar en una olla a presión», señala María Jesús Álvarez. «Su sensación es que no sirven, que son invisibles e inútiles. Acaban interiorizando que no le importan a nadie y lo normalizan». Para ellos Cáritas, a parte de la atención económica y laboral, aporta «esperanza y compañía. Ya había exclusión antes de la crisis, pero se agravó especialmente para los que estaban peor».

En Cruz Roja se dieron cuenta de que los hogares con todos sus miembros en paro tenían unas necesidades especiales, y en 2014 pusieron en marcha un programa específico. «Las actuaciones de inserción se comparten con programas para toda la familia, no sólo se atienden las necesidades formativas y de capacitación, o las competencias transversales como las nuevas tecnologías o las habilidades sociales», señala Susana Ortega.

Un programa en el que «tiene especial importancia la corresponsabilidad familiar y los roles de género, porque en la práctica las mujeres tienen muchos más problemas para seguir los programas de inserción laboral».

El año pasado este programa atendió a 24 familias, un total de 49 personas. «Las que se acercaron a nosotros con este problema». El éxito ha sido importante: 21 familias consiguieron que al menos uno de los miembros se empleara, y en un 25% de los casos todos fueron contratados. El porcentaje de inserción es de un 49%, y a un 80% de los parados se les dio formación para capacitarles para un nuevo empleo. «El beneficio es sobre todo para la familia, que recupera la autoconfianza y la esperanza».

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