EL FRÍO SE CUELA EN LOS BOLSILLOS
Si importa un pimiento, mejor que venga de León
Los precios de los productores locales se mantienen, frente a subidas de hortalizas por la ola de frío

Alejandro Bernal señala los calabacines, entre la oferta de producción propia que lleva semanalmente a su puesto del mercado de Colón. F. OTERO PERANDONES
maría j. muñiz | león
Los mercados y supermercados leoneses no han sido desde luego ajenos a la escalada de precios que han sufrido en las últimas semanas algunas hortalizas, a raíz de los destrozos que el temporal de frío ha causado en muchos cultivos, lo que ha desplomado la oferta y por tanto hecho despegar la cotización de unas cuantas de estas verduras. Sin embargo la actividad, sobre todo en los mercados de productores locales a pie de calle, se ha visto sobre todo afectada por el temporal que estos días ha vivido la provincia: lluvia y viento han alejado a buena parte de los vendedores y compradores de los lugares de cita semanal. Para los incondicionales del puesto tradicional, los aumentos de precio de berenjenas y calabacines son poco más que el tema de conversación de la semana. «Sí, han subido mucho. Pero mire todo lo que hay, que se cultiva aquí y sigue vendiéndose al precio de siempre», comenta una de las vendedoras extendiendo las manos como en un abrazo a una ordenada sinfonía de manojos de verduras y coles, tubérculos y lechugas.
Es cierto. La oferta de verduras y hortalizas de temporada cultivadas por los productores leoneses, y llevadas directamente al mercado, no ha variado de precio. Y están en todo su esplendor. La base vegetal de la cocina tradicional de invierno no se ha visto afectada por los movimientos en los mercados, las heladas a destiempo en otras zonas ni las demandas de los importadores.
«Pues si la berenjena está cara, coliflor, que es muy sana», comenta Encarna, experta en tantear la mercancía para detectar el mejor ejemplar de repollo o pimiento. Con una mano en el carrito que va llenando y otra en la verdura elegida para llevar a su cazuela, se queja en general de que «todo está por las nubes».
«Se quejan por todo»
No opina lo mismo su vendedor habitual. «La gente se queja. De esta subida y de todo. Si les quieres ofrecer trabajo también se quejan, porque cultivar el campo y venir a vender aquí sí que es muy duro».
De puesto en puesto, del mercado de los viernes en Colón al del sábado en Villarrodrigo, y allá por donde se vaya, la cantinela de unos y otros se repite invariable, entre un imparable coro de ‘ponme tanto de esto’ o ‘a cuánto está lo otro’.
En la mayor parte de los puestos los calabacines han reaparecido, pero las berenjenas no están. «Son demasiado caras, la gente no las quiere».
Son los dos productos que más han incrementado su precio en las últimas semanas, un 132 y un 60% respectivamente; pero no los únicos. Alcachofas y tomates, junto con las judías verdes, también se encarecieron con la ola de frío. Ahora los precios están ya a la baja, según la última estadística de las que publica semanalmente el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama).
Que apunta en la última semana de enero que los precios de las hortalizas siguen «inusualmente altos en general, derivados de la escasez de la oferta. La mayoría de los precios sigue subiendo, aunque ya en proporciones menos acentuadas que en las precedentes». Destaca el incremento de la lechuga romana (que a finales de la semana pasada llegó a racionarse en los mercados del Reino Unido), la berenjena y el tomate redondo. Tras tocar techo, bajan la judía verde plana, el calabacín y la alcachofa. La patata «no se mueve esta semana».
En las frutas, los vendedores de los mercados locales aseguran que no se han modificado los precios. Los cítricos tienen precios «bastante estabilizados», según el ministerio, porque las variedades tardías están cubriendo suficientemente la demanda. Otros productos, ya comercializados en establecimientos cerrados, como los aceites vegentales, «continúan la subida generalizada de precios», según la contabilidad oficial. Tampoco es la primera vez que estas subidas saltan a la actualidad.
La cesta de la compra
Lo que es evidente es que la cesta de la compra se ha encarecido de forma muy sustancial en los últimos años, especialmente en los productos básicos para las familias. Pan, pescado, huevos, aceite, fruta, legumbres y patatas son algunos de los productos de consumo habitual que más han incrementado sus precios, según los datos del Índice de Precios al Consumo (IPC). Desde luego, han subido mucho más que los salarios y las pensiones, y su evolución está muy lejos de la tendencia del recorte de las rentas familiares durante la larga crisis económica vivida.
Según los datos de la evolución de la inflación, desde 2002 (el inicio de la serie estadística actual, que coincide con la entrada en vigor del euro), el pan se ha encarecido en estos últimos quince años casi un 47%; y los huevos algo más que este 47%.
El aceite es el apartado de la alimentación que se ha encarecido de manera más espectacular, casi un 82%; y las frutas frescas también han disparado su coste: más del 63% en este período.
Dos de las bases de la dieta de las familias, las patatas y las legumbres, están también entre los alimentos que más se han encarecido, concretamente un 56,5 y casi un 50% respectivamente. Los chocolates y el café vieron subir sus precios entre un 32 y un 37% en estos quince años; un porcentaje similar al que se ha encarecido por ejemplo el arroz (35%), otro de los alimentos básicos de los menús familiares. Un poco más todavía subieron las pastas alimenticias.
Las carnes
En el apartado de las carnes, el incremento medio de los precios se sitúa entre el 23 y el 30%, aunque con marcadas diferencias. La carne de vacuno se ha encarecido sensiblemente, casi un 46% más que en 2002; mienras que la de cerdo sólo ha subido sus precios algo menos del 6%, es de los productos habituales en la cesta de la compra que menos se ha encarecido.
Los precios de los pescados crecen, pero oscilan desde el 12% de los frescos hasta el 41 de los crustáceos y moluscos. Eso sí, con fuertes variaciones entre los distintos tipos de pescado.
No se libran tampoco del incremento la leche, que se compra hoy casi un 30% más cara que en 2002, ni los quesos, un 31% más caros. Hasta el agua mineral y los refrescos se han encarecido más de un 26%. Mientras el vino cuesta de media un 15% más, la cerveza es hoy un 37% más cara.
Son los porcentajes oficiales que reflejan el encarecimiento de la cesta básica de la compra en alimentación de las familias. Sin calculadora ni estadística, los compradores del mercado saben bien dos cosas: una que los alimentos suben de precio, cada vez más; y otra que la evolcución los productos básicos sigue una dinámica de precios muy distinta a la de las rentas de las familias y los salarios de los trabajadores o percepciones de pensionistas.
«¿Sabes cuánto me han subido la pensión? Un euro al mes. ¿Sabes cuánto me cuesta hacer la compra? Se dispara el precio de la luz, da igual que llueva o que no; suben las verduras, aumenta la inflación,... Yo, antes y ahora, contando cada euro que gasto. Eso es lo que yo entiendo». Josefina guarda la vuelta de su compra con remango y encarrila el carrito hacia la carnicería. Allí le espera un nuevo capítulo de cálculo de economía doméstica.