homenaje vital
Toda una vida para no olvidar al juez Alonso
Amigos, profesores, compañeros de la justicia y de la política evocaron la figura del respetado exministro en un acto para honrar su testimonio.

La sala se llenó de amigos y autoridades. MARCIANO
álvaro caballero | león
Se lloró, «no es malo, porque consuela, acerca y reconforta», como explicó José Luis Rodríguez Zapatero. Pero lo que de verdad se hizo fue honrar la vida y el testimonio de José Antonio Alonso relatada por su familia y amigos: los de la infancia del barrio del Crucero, los profesores del Colegio Leonés, los que le acompañaron en la primera promoción de Derecho de la Universidad de León, los que compartieron su etapa de juez, los que se cruzaron en su camino y les dejó huella, los que tardarán «toda una vida en olvidarle». «Era un hombre muy racional, seámoslo nosotros e incorporemos lo que nos ha dejado. Si queremos honrarle, recordémosle: hagamos que su vida nos dé vida a nosotros y que su recuerdo nos dé fuerza», resumió el expresidente del Gobierno para quien fuera su «amigo leal, cercano, cariñoso» y de «los cientos» de cargos que nombró, «el más íntegro y honesto».
No estuvo, pero se le «sintió» durante todo el acto celebrado en el Aula Magna de la Universidad en la que se ensalzó la figura de quien fuera «todo un referente de una generación de ciudadanos luchadores por la democracia, patriota de verdad, que se construyó a sí mismo para construir un país mejor», detalló Zapatero. El expresidente desveló por qué en lugar de hacerle ministro de Justicia, como todo el mundo apostaba, la cartera que le entregó fue la del Interior. «Cuando ganamos las elecciones, tres días antes había sido el terrible atentando del 11 de marzo. El ministró debía ser alguien en quien tuviera confianza ciega y que hiciera trabajo en beneficio del Estado de derecho», describió el exmandatario, quien insistió además en la importancia de Alonso para la planificación «de la estrategia que empezó a acabar con ETA». «Una calle en el Crucero debería tener», dejó caer en el auditorio que rompió a aplaudir antes de que tuviera tiempo de pedir incluso disculpas al alcalde, Antonio Silván, por entrometerse «en asuntos municipales». «Uno ha sido lo que ha sido y conserva tendencia a la indicación», bromeó.
Pero más allá del «ministro peculiar» que se convertía en «una especie de garante de la legalidad en los consejos de ministros», Zapatero evocó al amigo que «siempre llegaba tarde, sobre el timbre, al Colegio Leonés, porque estaba allí en la fuente despidiéndose de una chica rubia», en referencia a quien fuera su novia y primera esposa, Pilar Esther Gallego. «Yo le presenté rápido a Sonsoles para que me dijera qué pensaba. Le tenía por un testimonio de autoridad. Y me ayudó con ella», bromeó el expresidente, quien llenó sus discurso de guiños a los amigos, presentes y ausentes, pero sobre todo al hijo de Alonso. «Tuve una larga comida con Toño 3 meses antes. Hablamos de muchas cosas, incluida la finitud de la vida. Sé lo que me dijo de Javier y lo cumpliré», recalcó con la mirada puesta en Pedro y Mari Luz, los hermanos del exministro.
Fue Pedro Alonso quien abrió el acto con la mirada puesta «en el largo camino que se ha hecho muy corto». Al cauce se subió el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, para recordar «al hombre que siempre miraba de frente, tímido, pero que mostraba su cercanía con una sonrisa franca y nada impostada». «Era tan prudente que siempre se situaba dos pasos por detrás del lugar que le correspondía», ensalzó el mandatario autonómico. Bien lo saben en su barrio, «un barrio obrero, que no humilde», como corrigió José Clemente González, Pepín , uno de sus amigos de toda la vida, quien reseñó que la plaza ganada de juez «supuso un salto cualitativo» porque demostró que «el barrio sabía y podía hablar de justicia». «Siempre fue uno de los nuestros», citó.
Fue también uno de los «chavales del Colegio Leonés», como apuntó su profesor Pepe Estrada, que aprovechó para ofrecer plaza en el equipo cadete de baloncesto a su hijo Javier. «Tú eras de fútbol y por eso sólo llegaste a ministro. Zapatero era de baloncesto y fue presidente», ironizó. Entre los amigos de estudios habló Luisma Martínez, quien dibujó una semblanza genial y reveló su última conversación con Alonso. «Me dijiste que morir no te daba miedo, pero sí una profunda tristeza por no ver crecer a tu hijo, por no volver a respirar la luz del sol». «Habíamos tenido la suerte de coincidir con una persona excepcional», abundó otro de los cercanos, Andrés Sáez, así como el catedrático Andrés Vattier y el procurador Javier Amoedo, quien le preparó las oposiciones para juez, o sus compañeras en la Audiencia de Madrid, Pilar Rasillo y Lourdes Casado, emocionadas hasta las lágrimas.
Entre las personalidades de la judicatura se coló la guitarra de su amigo Juan el Habichuela, que tocó una soleá, Resuene , después de evocar «al fenómeno» que conoció en el juzgado; José Ramón de la Morena, que apuntó que Alonso «se hacía el duro pero era un bizcochón»; e incluso el torero José Tomás, que mandó una carta emotiva en la que reseñó «la enorme sencillez de Alonso». «Eras un hombre coherente y te pasabas por el forro la apariencia. Te importaban los valores, que es lo que de verdad importa. Siempre te tendré como un ejemplo de integridad», expresó el diestro que se hizo amigo del ministro en Estepona.
Sobre la figura del juez incidió Juan Manuel Fernández, vocal del Consejo General del Poder Judicial, del que fue miembro el exministro. «A través del derecho, explicabas la vida. Honor para los jueces buenos como José Antonio Alonso», leyó, en nombre del organismo. Sobre estos valores incidió Manuela Carmena, ahora alcaldesa de Madrid y entonces compañera en Jueces para la Democracia, quien concedió que en aquellos primeros tiempos querían «asegurar que la democracia fuera lo que necesitábamos». «Hay vidas ejemplares que valen la pena vivir. Por cómo viviste la vida vas a dejar un interés por ser como tú», auguró la regidora, a la que Zapatero pidió «sino una calle, al menos una placa» para Alonso.
En la loa abundó Cándido Conde Pumpido, magistrado del Supremo y fiscal general del Estado cuando Alonso llevaba Interior. «Éramos dos juececillos en las entrañas del Estado mientras fuera llovían conspiraciones y mochilas de Vallecas», citó, después de resaltar que el homenajeado fue «un juez que sabía para qué sirve el derecho y lo ejercía para que fuera un arma cargada de futuro». «Gracias», repitió hasta la extenuación Paquita Cobos, amiga íntima y organizadora del acto, antes de que el salón se llenara de abrazos con la foto de Alonso de fondo sobre las cabezas.