Diario de León

POLÍTICA

La UPL se debate en su encrucijada

Su papel clave en la Diputación por primera vez en la historia, que servirá para asentar al PP o dar el cambio al PSOE, marcará el horizonte de un partido renacido de sus cenizas

Eduardo López Sendino durante el recuento de los votos del 26-M en la Junta Electoral de León.

Eduardo López Sendino durante el recuento de los votos del 26-M en la Junta Electoral de León.

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ÁLVARO CABALLERO | LEÓN
León

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Aquel partido con ínfulas mostachudas de ejército de Pancho Villa, que se agrupaba para las elecciones y luego se apuñalaba durante cuatro años en luchas intestinas, se ha hecho mayor.

Apenas queda rastro de aquella formación agitada por José María Rodríguez de Francisco que rompió la barrera para protestar por el peaje de la León-Astorga, que inauguró la Catedral como burla por las promesas electorales del resto de los partidos, que llenó de basura el vagón de la rotonda del Crucero para quejarse por el adorno o que se puso el casco en las Cortes para exigir el circuito de velocidad de La Bañeza.

Ahora, cuando se cumplen 20 años del culmen del leonesismo, que llegó a acumular 7 concejales en el Ayuntamiento de León, 3 diputados provinciales y 3 procuradores autonómicos en las elecciones de 1999, tras lo cual comenzó una cuesta abajo imparable que se cerró en las urnas del pasado 26 de mayo; ahora, cuando por primera vez en su historia tiene en su mano decidir el gobierno de la Diputación, la UPL se hace mayor. Por eso, le toca decidir qué quiere ser.

La encrucijada para los leonesistas llega después de que la formación fuera capaz de remontar su suelo de resultados. Mantenida hasta entonces por su papel de bisagra entre el PP y el PSOE, la irrupción de los nuevos partidos en 2015 condenó a la UPL a la irrelevancia en el Ayuntamiento de León, su escaparate hasta entonces, y a sobrevivir con un representante en la Diputación gracias al fichaje de Matías Llorente, además de 16 Alcaldías. El aire surgió de la institución menos esperada, la Junta, donde el PP se quedó a tan sólo un escaño de la mayoría absoluta. A pesar de apoyarse en Ciudadanos, los populares a cambio de la abstención dieron juego al portavoz de la formación, Luis Mariano Santos, para sacar adelante 85 proyectos que sumaron 40 millones de euros en enmiendas a los presupuestos para venderse como un «leonesismo útil».

La etiqueta ha reportado en las últimas elecciones un crecimiento notable. No sólo por el ascenso en votos, con 19.730 apoyos, sino en representación institucional, al sumar 147 ediles —sólo por detrás de PSOE y PP—, alcanzar 19 alcaldías —como Sariegos, Santa María del Páramo o Villaturiel—, entrar en otros 8 equipos de gobierno, recuperar 3 ediles en la capital para ser clave en los apoyos que necesite el alcalde socialista en minoría y, sobre todo, ser clave en la Diputación. Con un reparto de 12 sillones para el PSOE y 11 para el PP, gobernará quien decida la UPL, salvo que en un cambio de guion contrario a su línea estatal y autonómica Ciudadanos utilice su diputado para salirse por la izquierda.

En este escenario, los leonesistas tienen que elegir primero si quieren entrar en el gobierno. No hacerlo daría el poder en minoría a los socialistas. Aunque la dirección del PSOE prefiere que entren no sólo por disciplina, sino por contar con Matías Llorente como vicepresidente. El alcalde de Cabreros del Río, quien ya ocupó este puesto cuando iba en sus listas como independiente y acumula 32 años en el Palacio de los Guzmanes, sería el sostén para un equipo sin experiencia de mando en una institución cuyos resortes están marcados por los 22 años consecutivos de mayorías absolutas populares.

Pero la situación que ven como ventaja los socialistas, que exhiben al Gobierno como avalista de sus compromisos, se analiza con cautela desde la UPL. Los leonesistas, resguardados en Llorente, ven en la inexperiencia del PSOE una señal de alerta que puede hacer que se les corresponsabilice de toda la gestión, no sólo de aquellas áreas en las que adquieran el poder, y que les penalice a la larga. No en vano, recuerdan los ejemplos de los apenas dos años del primer gobierno con los socialistas en el Ayuntamiento de León, que se rompieron con la moción de censura de Rodríguez de Francisco y les hicieron bajar de 5 a 3 concejales, así como del mandato siguiente en el que volvieron a escoger los mismos compañeros de viaje y perdieron en 2011 otro edil más. El otro precedente, entre 1999 con el popular Amilivia, también les hizo bajar de 7 a 5 actas.

Pese a que siempre que gobernaron perdieron apoyo, no entrar en el gobierno les dejaría sin la opción de demostrar su capacidad en la institución que, en teoría, cuadra más con sus principios programáticos y que les serviría de faro leonesista. Para lograrlo, no sólo se les ofrece el PSOE. El PP también está dispuesto a darles la vicepresidencia de la Diputación y concederles un área de mando, además del control del Instituto Leonés de Cultura. El problema añadido es que necesitarían el concurso de Ciudadanos, de los que la UPL recela, y que el pacto de Villaquilambre, con Fernández Mañueco como avalista a espaldas de la dirección del partido, se ha tomado como una traición, aunque ahora se quiera poner a la Junta como garante de la mayoría de los compromisos ofrecidos. Aun así, no se ha querido cerrar la puerta, sino que el teléfono sigue abierto, como apura Juan Martínez Majo, quien sabe que su única oportunidad de salvación, perdido Coyanza y con muchos de sus compañeros a la espera de pasarle factura, es conservar el Palacio de los Guzmanes.

El nivel de presión crece con los días, mientras se suceden las llamadas, directas e indirectas, para convencer a los responsables de la UPL con las promesas más inverosímiles para que decanten su voto en la Diputación. A los leonesistas les queda demostrar que son mayores para decidir por sí mismos.

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