Diario de León
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León

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POR decreto quiere decir porque sí, porque lo digo yo que soy quien conduce el coche y si no estás de acuerdo te bajas. El decreto es otra manifestación de ese talante impositivo y chulesco que ahora llaman de centro. Curioso. Por decreto como si le hubiera subido el bigote a la cabeza, así de dialogante. Amenaza con tramitar su verdad política igual que si fuera un dogma, indiscutible como un dogma, infalible como el Papa. Por decreto nos lleva en fila a la huelga general en el patio de colegio de un país que o tiene problemas, o se los inventa. Movida tiene que haber porque si no nos aburrimos. Creía que Rosa iba a ganar en Eurovisión por decreto pero esa fórmula no funciona en Europa y se quedó con la boca abierta y el bigote oclusivo comprobando que si España va bien, Letonia va mejor. Por decreto los jóvenes cambiamos el botellón por la misa de doce, por decreto los rectores y los estudiantes se callan la boca y vuelven al redil, por decreto los de la globalización se tornan capitalistas de centro neoliberal, se engominan el pelo y se dejan mostacho, sí señor. Por decreto es por cojones en lenguaje administrativo, es el puñetazo en la mesa de la clase política más chic, resulta parecido a un mandamiento escrito en tablas de piedra por parte de un mesías sentado a la derecha de todo. Por decreto para que todos los tertulianos digan lo mismo, para que todas las columnas sean iguales, para que todas las novelas las escriba el mismo negro y no haya disonancias. Por decreto-ley queda ilegalizada la poesía salvo la de Don José María Pemán, y qué más da que el telediario se parezca cada vez más a Las Noticias del Guiñol. Debe creer que la autoridad no se tiene si no se hace notar a plomo. La autoridad, pensará, da la razón a quien la ostenta por encima de sindicatos, trabajadores y demás familia porque donde hay patrón no manda marinero, y qué casualidad que en este océano laboral sólo se ahogan los marineros sin ni siquiera el pequeño flotador del PER. Sí, reforma laboral por decreto porque es inmaculada y virgen, perfecta y redentora. Digna de ser sacada en procesión para que llueva en los campos de Andalucía cuando a los jornaleros en paro no les quede ni un ladrido que llevarse a la boca. Como cada vez se lee menos la comunicación se ha vuelto más primaria y las formas lo son todo. ¡Vaya formas! Delicado como una vaca en una boutique, le envía un mensaje a los sindicatos lleno de palabras que estallan todas en confeti diciendo "el que manda en esta dictablanda soy yo". Por decreto como un gallo de corral que desafiara al alba, un Goliath que le vacila a David. Por decreto, que es una fórmula snob para decir "porque se me pone en la punta del bigote", o -he de cuidar las formas- de hacer suya la cita de Oscar Wilde: "Mis deseos son órdenes para mí". Por decreto la democracia toma un deje integrista, habanero. Por decreto ruge el rey de la selva y mi prosa se convierte en una sobredosis de metáforas con tono contestatario y punky hasta que llegue el Mundial y todo el mundo se olvide de metáforas y decretos. En esta era de elites que saben más que nadie, que nos salvan la vida por decreto y por nuestro bien, que ésa es otra, la huelga resulta un ya esta bien, corte de mangas, grito, un ejerzo el derecho al pataleo y en mi hambre mando yo. La huelga está perdiendo su carga ideológica, como la política, y no soluciona nada que hayan estropeado antes las urnas y que sólo las urnas pueden intentar reconducir. Mientras tanto huelgas, movidas promovidas, armas arrojadizas como fuegos cruzados, son dos manos sin puños con las que enfrentarse al sólido muro inamovible del decreto. Qué bueno poder leer la realidad política entre líneas haciendo interiormente un canto al diálogo de verdad, sabiendo que todas las partes tienen algo que aportar y un punto de razón, que en el eclepticismo está la virtud y todos tienen que ceder cuerda para llegar a un acuerdo aunque a unos les respalde la mayoría absoluta y a otros no. Hace poco hubo luna llena. Menudo lujo para quien siempre va a oscuras.

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