Cuatro dueños desde Adriano Alcorta a José González
Los emprendedores Adriano Alcorta y Petra Dmínguez pusieron en marcha la fábrica de embutidos a mediados del siglo XIX. Fallecieron sin descendencia y el negocio lo heredó en 1911 su sobrino Eusebio Araú González, un visionario que construyó un matadero y el laboratorio de reconocimiento microscópico de la carne e impulsó que los embutidos «hicieran las Américas» en unos envases con manteca que conservaban los alimentos y que dieron sustento a los pasajeros que cruzaban el Atlántico desde Vigo. Su viuda Sira Sampedro tomó las riendas a su muerte en 1935 y lo vendió a Buenaventura Santos en 1952 y éste a González Morán tres años después.