Diario de León

Las Cortes respaldaron la orden que seccionó la arteria del oeste peninsular

Ruta de la Plata: 40 años del navajazo a la primera vía muerta de León

El 31 de diciembre de 1984, el Gobierno liquidó el ferrocarril de Astorga a Plasencia

Un tramo de la Ruta de la Plata, cerca de Valderrey. archivo

Un tramo de la Ruta de la Plata, cerca de Valderrey. archivo

Publicado por
l. urdiales
León

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La Ruta de la Plata no cicatriza. Cuatro décadas después del navajazo del Gobierno que seccionó la arteria por la que fluía el oeste, que bombeaba sangre de norte a sur en este costado ibérico, el poniente español ofrece la agonía que le dejó el cierre del ferrocarril. Fue tal día como este 31 de diciembre, en 1984, cuando Felipe González colocó hacia abajo el dedo pulgar. Y el tren desapareció de las vías. Había poco que hacer entonces ante una decisión del Gobierno del PSOE. Ni se levantó la muchedumbre, ni los medios de comunicación dedicaron la portada a romperse las vestiduras por la afrenta a la generación en pie, a la siguiente, y a la que tendría que llegar, que, aún en camino, se va a encontrar un mundo en el que los trenes no van a circular entre Astorga y Plasencia. «Una cicatriz abierta de 320 kilómetros entre Plasencia y Astorga, no puede ser un obstáculo insalvable para la reapertura del «Ruta de la Plata» y así poder contar con un corredor para el desarrollo de todo el Oeste peninsular», reflexionó este día de atrás la plataforma Corredor Oeste, en el lamento de la efeméride de otro hito desgraciado para la periferia abandonada de España. Por donde pasaba el tren de León a Cáceres no ha vuelto a brotar ni una flor. Para que conste, en diciembre de 1984, en la parrilla de la estación de Astorga el viajero se podía subir a las 6.45, a las 12.20 y a las 18.22 horas al ferrobús que llegaba a Salamanca; a las 10.28 al Ter que llegaba a Sevilla.

Felipe González giró el pulgar hacia abajo y comenzó la historia de declive de 40 años y un día, que resume hasta hoy el declive de dos regiones, León y Extremadura, ancladas en medio de un erial de desarrollo económico y una pirámide poblacional que hace aguas entre la multidud de rotos y remiendos que sujetan el fondo del saco demográfico. No fue porque no lo vieron venir. El 28 de diciembre de 1984, día de los Santos Inocentes, tres antes del trenicidio socialista, las cortes, el parlamento de una autonomía constituida dos años antes, le siguió la juerga al presidente del Gobierno, y le dieron también al botón del pulgar que mira al pie. Sus señorías, los procuradores, votaron cuatro veces, porque se hizo bola la intención que rumiaba el socialismo castellano, que también gobernaba el primer ejecutivo de la neonata autonomía. Tres empates a cuarenta. Al cuarto, cayó la pieza: 37 votos del grupo de Alianza Popular y parte del mixto no fueron bastantes contra el bloque socialista, de 38 votos, y otros dos de los híbridos de aroma antileonés que ya inundaba entonces por el hemiciclo. El desenlace forma parte de la hemeroteca que recoge el final de la última tabla de salvación para el ferrocarril. Se trataba de quitar pie a la decisión del consejo de Ministros de Felipe González que el 30 de septiembre de 1984 decidió aniquilar la Ruta de la Plata (entre otras conexiones). Los socialistas extremeños no debieron pensar lo mismo, motivo por el que el tren entre Sevilla y Extremadura no puso candados en los andenes. «Ya no reclamamos un trenecito que se hurtó a unas regiones; reclamamos todo un corredor del Oeste que dé respuestas tangibles en transporte de viajeros y mercancías al existente desequilibrio territorial entre el Mediterráneo y el Atlántico», expone Corredor Oeste en un comunicado en el que relata los motivos de su razón de ser, que son las mismas que recorren los trescientos kilómetros de la primera vía muerta a la que veló en vida León. Hoy se cumplen 40 años.

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