Corazón de León y garra de Águila
El leonés Javier Canal García tiene en sus manos la mecánica de los aviones que forman parte de la Patrulla Águila

Javier Canal posa con uno de los aviones de la Patrulla Águila en su base murciana.
Trabajar en lo que te gusta es un lujo y más aún cuando se juntan dos pasiones. Esto es lo que le ocurre al leonés Javier Canal García, que cada día disfruta de los aviones y la electrónica en su trabajo en la Academia General del Aire como mecánico de los aviones de la Patrulla Águila, la patrulla acrobática del Ejército del Aire y del Espacio. «Formar parte de la Patrulla Águila es un orgullo. Son muchas horas de trabajo, largas esperas en entrenamientos y exhibiciones, múltiples viajes y muchos lugares. Algo que debes hacer para poder sentir lo que vive la gente al verlos y lo que llegan a mover estos pilotos. No solo aquí en España que es nuestra casa, también a nivel internacional, donde somos muy queridos y respetados», explica Javier Canal para remarcar acto seguido que el prestigio de estos pilotos a nivel internacional es «inigualable».
Este leonés que reparte sus raíces entre León capital, Santibáñez y Cuadros, es un gran experto en el C101, el avión con el que opera la patrulla acrobática, pero ahora se enfrenta como mecánico a «un cambio grande», ya que el «culopollos», como se llamaba popularmente al C101, será sustituido por el Pilatus PC-21. «El C101 es una insignia nacional, es un avión español, diseñado y fabricado aquí. El Pilatus es una avioneta moderna y muy enfocada a la enseñanza y fabricada en Suiza. Será interesante ver qué puede hacer», relata el mecánico parar añadir: «Los cambios siempre son buenos y nos ayudan a aprender. Así que eso haré, aprender y esforzarme». El cambio repercutirá también en las maniobras y las piruetas aéreas, pero confía ciegamente en las habilidades de los pilotos y avanza que las nuevas exhibiciones —la última con el C101 será en Murcia en junio— «serán un éxito seguro». Lo más difícil de su trabajo son las complejas posturas que tiene que adoptar dentro de la aeronave, la reparación de equipos en el banco de trabajo y «dejar el avión en condiciones de servicio, por la gran responsabilidad que conlleva», pero por contra, recibe una gran satisfacción «cuando todo sale bien y sin incidentes» y, sobre todo, cuando puede llevar a su hijo para que vea y disfrute de la Patrulla Águila, «porque ver lo que viven sus ojos es lo más bonito que me ha pasado nunca». «Poder ver en el cielo nuestra bandera con el C101 es el mayor orgullo», relata este mecánico leonés sobre una de las acciones más conocidas de los pilotos, para relatar que entró muy joven a formar parte de las filas del Ejército del Aire. Se formó en Cuatro Vientos, Madrid) (no tuvo «la suerte» de pasar por la Academia Básica del Aire en La Virgen del Camino) en la base de Telecomunicaciones y Transmisiones y su primer destino fue con los Hércules del Ala 31, en Zaragoza, donde pasó 10 años. En enero de 2010 se incorporó a la Academia General del Aire, en la localidad murciana de San Javier, y al principio no trabajaba únicamente para la Patrulla Águila, siempre le encantó «el trabajo que realizan en el cielo los pilotos, esa toma de riesgos y llevar a la aeronave al límite».
Con los años, el C101 dejó de ser un avión de entrenamiento y pasó a convertirse en el protagonista de las exhibiciones acrobáticas y ahora su trabajo se centra en estos aparatos, en las transmisiones y en la navegación de los siete aviones que integran la patrulla.
«Trabajar en aviación es muy exigente, hay personas que se juegan la vida volando. Mis años en el Ejército me han enseñado a cuidar el detalle y que ser minuciosos con los procedimientos es vital para que la misión se complete de la mejor manera. No es que con la Patrulla Águila se tenga más responsabilidad, pero sí hay momentos de estar más atento y también hay que tener un gran conocimiento de los sistemas para poder solventar las incidencias en el menor tiempo», explica sobre su trabajo este leonés que regresa siempre que puede a León y que se plantea arreglar una casa en Santibáñez y quizá jubilarse allí. Tanto está presente León, que cuando estaba destinado en Zaragoza, al saber que iban a traer a La Virgen del Camino a un grupo de alumnos, hizo las gestiones posibles para poder volar con ellos. «En la puerta del avión llamé a mi abuela y le pregunté qué haría de comer; me dijo que lentejas, así que le pedí que me guardara un plato. ¡Mi abuela no podía creerse que llegara a comer! Pasé todo el fin de semana con ella y volví en tren el domingo. Es un fin de semana que no olvidaré, como su cara al abrir la puerta y verme allí», relata Javier Canal García, el mecánico que pone la garra leonesa a la Patrulla Águila y que, a pesar de los años de trabajo, se sigue emocionando con la estela de la bandera de España en el aire y envía fotos a su mujer cuando dibujan el corazón.