La FP le come terreno a la Universidad al doblar su aumento de alumnos en 5 cursos
La oferta, la apuesta institucional y la inserción laboral respaldan a la Formación Profesional

La apuesta por la FP en los últimos años, tanto desde el ministerio como desde la Consejería de Educación parece tener su efecto. Una alternativa académica que pese a estar defenestrada durante décadas se ha convertido en los últimos cursos en una baza sólida para el alumnado. Tanto es así, que en la provincia de León la matrícula de Formación Profesional da pasos de gigante año tras año y ya se acerca con paso firme a los registros de la Universidad de León.
Este curso 2024/2025, la Universidad de León tiene en sus aulas 9.427 estudiantes repartidos en los 41 grados —más de ciclo dobles grados— entre León y Ponferrada. La FP supera en variedad a la institución académica leonesa con 85 ciclos formativos diferentes (sin tener en cuenta la FP Básica), aunque estos se pueden estudiar en varios centros educativos, con lo que finalmente las posibilidades rozan los dos centenares. Este abanico puede ser uno de los motivos por los que estos estudios han ido ganando peso. En este curso, el alumnado matriculado en FP ha llegado a los 8.215 estudiantes, cuando hace tan sólo cinco cursos eran 6.828.
En esta comparativa es preciso tener en cuenta que el 46% del alumnado universitario procede de fuera de León, con lo que el empuje de la Formación Profesional, que tiene menos poder para atraer estudiantes de otras provincias, ya que sus ciclos se imparten de forma casi generalista en todas las provincias, salvo algunas excepciones. Cierto es que la Universidad de León, frente a los efectos de la tasa de natalidad que hacen mella en todo el sistema educativo, ha remontado cifras; mientras en el curso 2020/2021 contaba con 8.759 alumnos, en la actualidad ha recuperado datos y logrado los 9.427 estudiantes.
La Formación Profesional ha tenido desde ese mismo curso un ascenso constante y poco a poco ha ido creciendo en matriculados. De los 6.828 estudiantes matriculados hace cinco cursos, ha incrementado esta cifra en casi 1.400 hasta el curso actual, con un fuerte empujón en los dos últimos. El apoyo institucional que ha propiciado un lavado de cara a estos estudios, junto con su alta tasa de empleabilidad y el hecho de que los puestos de trabajo se consigan en la propia provincia se ha convertido en un gancho para los ciclos formativos, todo ello, pese a que el modelo dual por el que se ha apostado en la provincia de León no ha cuajado en la mayoría de los títulos ante las características del tejido productivo, formado prácticamente por pymes y micropymes que no ven cómo atender la formación a un posible alumno en unas prácticas realmente instructivas.
Una de las ventajas de la Formación Profesional es su vertiente formativa más prácticas —algo que se duplicaría si la modalidad dual fraguase de verdad— y la duración de sus estudios. En la universidad un alumno debe invertir un mínimo de cuatro años, mientras que en la FP los ciclos se estructuran en dos, aunque el estudiante, si accede primero a los de grado medio puede después completar sus estudios con el grado superior.
En los últimos años, también es una constante el alumnado que cuenta con los dos títulos, el de FP y el Universitario, con caminos en ambas direcciones: universitarios que quieren aportar a su currículo el lado más práctico de la FP o, a la inversa, titulados de FP que tras completar sus estudios en un ciclo deciden completar su formación en la universidad. En los dos casos, este bagaje suele darse en carreras más técnicas con el objetivo de especializarse.
La FP cuenta con la agilidad de sus estudios, que se actualizan cada año y que, cada vez más, se apuesta por titulaciones pegadas a las demandas del territorio. Los propios centros que imparten ciclos formativos son los que solicitan a la Consejería de Educación los nuevos títulos que quieren incorporar a su oferta, teniendo siempre en cuenta las posibilidades, tanto docentes como de recursos materiales. Cierto es que desde Valladolid la respuesta no suele ser muy espléndida para la provincia: de los 41 títulos que se solicitaron tan sólo se concedieron 5, a lo que hay que añadir cuatro continuaciones de programas que ya se impartían. Pese a todo, los equipos directivos suelen enmarcar sus peticiones en ciclos que apuesten por la innovación, pero también por aquellos que den respuesta a las necesidades del mercado laboral más próximo y teniendo en cuenta, también, las demandas del propio estudiantado. Todo ello aumenta el atractivo de la Formación Profesional.