Cárcel para un cabo de la UME en León por acoso sexual a una soldado
Los dos coincidieron entre 2017 y 2021 en el pelotón de Sanidad y los hechos de centran en dos años

Acto del quinto batallón de la UME en Conde de Gazola.
Un cabo del pelotón de Sanidad que pasó por el quinto Batallón de la UME, que opera desde León, ha sido condenado a una pena de dos años, nueve meses y un día por un delito de «abuso de autoridad» en su modalidad «de acoso sexual». El soldado, que había sido juzgado por un tribunal militar, presentó al Supremo el recurso de casación, que ahora ha rebajado la pena inicial, que ascendía a tres años, al estimar «parcialmente» su demanda.
La sentencia relata que el cabo y la soldado a la que acosaba coincidieron en el batallón leonés de la UME durante cuatro años y que durante los últimos dos fue cuando comenzó el acoso. Entre otras cuestiones que relata la sentencia está que el militar llamaba a su compañera «desde un número oculto» y cuando ella descolgaba «se escuchaban jadeos y gemidos realizados por el cabo, así como sonidos relacionados con la actividad sexual (masturbándose)». La soldado acosada grabó las llamadas y según consta «en todas se escucha al interlocutor, el cabo, emitiendo jadeos y gemidos, así como sonidos propios de la actividad sexual de masturbación que estaba realizando». La soldado también recibía mensajes de Whastapp «de contenido sexual» como «capturas de pantalla simulando ‘darle unos azotes’, diciéndole que llevaba ‘el uniforme bien apretado’, ‘qué culo tenía’», además, le pidió que le enviará una foto en bikini, la llamaba «mi compañera sexy» o le decía: «A ver si te voy a tener que dar unos azotes».
La llamaba «culo pollo» y en relación a su carácter le espetaba: «A ti te dominaba yo». Comentarios también sobre su forma de vestir, tanto cuando iba de uniforme como de civil. En otra ocasión, con motivo de la patrona del cuerpo militar de la Sanidad, los dos iban juntos en un vehículo, ella con la falda de uniforme, al sentarse en el coche se le subió un poco y él le espetó: «Con esto ya tengo para tocarme una semana entera» y «se te ha visto la pierna y me he puesto contento». «Muchas veces en el almacén se sentaba al lado de la soldado y le tocaba la pierna, le quitaba la mano y se reía tomándoselo a broma», recoge el fallo, para añadir que otra vez «la besó en la frente» y que durante unos ejercicios en los que tenían que superar unos obstáculos la ayudó a subir cogiéndola del culo y ella se también se lo recriminó le dijo: «Hombre claro, tenía que aprovechar, voy a ser tonto». En otra ocasión, entró a un vestuario y después le envió un mensaje que decía: «Anda, que si te llego a pillar en braguitas, menuda alegría». También aprovechaba zonas «en las que había poco espacio y se pasaba por detrás ronzando o le tocaba la cintura, cosas que al resto de compañeros no hacía».
La sentencia recoge que el informe médico forense la soldado presenta «una reacción ansiosa depresiva muy prolongada en el tiempo con elementos fóbicos y aspectos de estrés postraumáticos». A raíz de los hechos, la joven comenzó a sentir miedo y angustia, dejó de ir al gimnasio por no encontrarse con el cabo, «no aparcaba el coche en el garaje por miedo» y cuando no estaba su pareja en casa, «se iba al piso de su hermana y los fines de semana al pueblo. Tenía problemas para concentrarse y conciliar el sueño. Se sentía controlada».