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Oliver Laxe, director de cine: la raíz de un laureado cineasta en O Ancares

Alto como un árbol, Oliver Laxe también tiene sus raíces bajo tierra. Y esta tierra está en Os Ancares. Celebre los logros que celebre, y vengan los que vengan, el director afirma ya haber conseguido lo que quería en la vida: asentarse en la casa de sus abuelos maternos en una aldea de Navia de Suarna

José Méndez/Efe

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Nieves Neira | 
Lugo

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El primer director gallego escogido para representar a España en los Oscar, el primero en ganar el premio del Jurado en Cannes. En medio de los titulares de esta época más reciente, el mismo director recordaba que el mayor logro en su vida ya había llegado hace unos años: echar raíces en la aldea de su familia materna, en Navia de Suarna.

Oliver Laxe Coro nació en París en el año 1982, hijo de emigrantes gallegos, con los que regresó ya en el año 1988 para establecerse en A Coruña. Pero su historia comienza antes, en esa fotografía que guarda su archivo familiar, la de su abuela Manuela Quindós Méndez, atravesando el corral de su casa en Vilela, a mediados de los 80, delante del hórreo que aún hoy se conserva como en la imagen.

Fueron los incendios de 1999 en Os Ancares, que llegaron a los pies de esa casa familiar, los que sembraron en él el deseo de vivir allí. Las obras comenzaron en abril del 2020, cuando todo el mundo estaba parado, y después de que en 2019 se presentase ‘O que arde’, el primer filme en gallego en el Festival de Cannes. En aquel momento, Laxe sabía que rehabilitar la casa, e impulsar en ella un centro de dinamización cultural y rural, implicaba parar un poco su relación con el cine, en ese momento álgido en el que venía de recoger el premio Un Certain Regard. «Tal vez repercuta bien en mi cine», decía. ‘Sirat’ lo confirmó.

Días antes de viajar a Cannes, el director trabajaba la huerta en esa casa. Poco después de volver, acogía un campamento arqueológico, para seguir excavando el castro del Teso da Ermida, la montaña vecina a la aldea. Fueron sus compañeros en la Asociación Ser los que precisamente ayudaron a montar la proyección en A Proba de Navia un día después de esa gran noche en Cannes de la que todo el mundo estaba pendiente. Nadie se creía que pudiese llegar en tan poco tiempo, aunque Mari Carmen, del Bar Xegunde, le tenía las lentejas preparadas, su plato favorito.

No solamente los vecinos estaban allí ese día, sino también sus amigos, los del cine y los de siempre. Algunos vienen de lejos, del instituto de Monelos donde cursó el bachillerato, donde también le cogió el pulso a la literatura de la mano de Xabier Seoane.

Recibir el premio en Cannes y presentar la película en A Proba al día siguiente dice mucho del gesto de Oliver Laxe. Sus poemas favoritos, que compartía en la Fundación Rosalía de Castro días antes de viajar a Francia, también. La épica del aire libre de Walt Whitman o de Constantino Bértolo. La poética de los rebaños de Alberto Caeiro, el rumor de la hierba de Santoka o la ebriedad de Rumi.

Todas las películas de Laxe beben de ese gesto. Conducir la caravana de Mimosas por las carreteras escarpadas de Marruecos e incluso ser actor protagonista en el filme de Ben Rivers al mismo tiempo; acercar las cámaras al fuego para rodar un incendio; poner en riesgo el propio rodaje.

Incluso desbrozar una finca al lado de casa, con su primo Susín, se convierte en un juego épico en ‘O futuro é das cabras’: «Susín! Onde estás? Levanta a bandeira! Tes que subir!», le gritaba para guiar el mítico desbroce. Pero, a veces, la narración se detiene también en el juego gratuito de mirar, como en ‘Paris#1’, rodada con sus amigos en la casa familiar ancaresa en el año 2008. Tal vez sea ese gesto, ese riesgo, el perfume de sus películas, lo material de una imagen que todavía insiste en la artesanía de filmar en 16 milímetros. Y en la amistad.

Tras acabar el bachillerato en A Coruña, Oliver Laxe se fue a Barcelona a estudiar cine en la Universidad Pompeu Fabra. Alguna vecina de Navia lo recuerda en viajes de vuelta, en bus. Más tarde, se trasladó a Marruecos, donde vivió varios años. En Tánger fundó un taller para trabajar con niños desfavorecidos, del que surgió su primer largometraje, ‘Todos vós sodes capitáns’. Más tarde, vivió a las puertas del desierto, en un palmeral de Ouarzazate, que le inspiró para rodar ‘Mimosas’ en los paisajes del Atlas.

De montaña en montaña, en esa continuidad entre Marruecos y Os Ancares, se puede decir que Oliver Laxe se mueve bien entre mundos.

Porque tiene raíz, dice él. En Os Ancares.

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