Los Reyes dejan atrás el frío con mucho baile e ilusión
Melchor, Gaspar y Baltasar llenaron la ciudad de León y las localidades del alfoz con sus desfiles

Un león iluminado brilló en la cabalgata ante decenas de familias.
León se rindió, una vez más, al hechizo de la noche más corta y mágica del año. Miles de personas desafiaron al frío ya desde la salida del desfile para arropar a Melchor, Gaspar y Baltasar en un despliegue de color, piruletas entregadas en mano y, sobre todo, muchas miradas cargadas de esperanza que confirman que la ilusión no entiende de fronteras municipales.
En la capital leonesa, el rugido de las comitivas reales volvió a hacer vibrar el centro. Siete carrozas monumentales, inspiradas en mundos de fantasía, recorrieron las avenidas principales bajo una lluvia de confeti, serpentinas y miles de piruletas. Una cita increible enmarcada en un mundo de animales que respaldaron la ilusión de los más pequeños, que pese a la temperatura gélida, se agolparon desde primera hora de la tarde en las aceras para poder ver de cerca a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Baltasar recibió muchas ovaciones con sus bailes.
Flamencos y estrellas de globos, leones y osos muy calentitos y un gran grifo abriendo la comitiva, los tres reyes se ganaron al público saludando, sin parar de bailar, sobre todo Gaspar y Baltasar, y enviando corazones a las familias leonesas.
El camión clásico de los bomberos, que nada más empezar Gran Vía se habían quedado ya sin piruletas para repartir ante la cantidad de pequeños que había, el bus municipal con el cartel de Felices Fiestas y la Guagua de Limpieza viaria, cerraron la comitiva.
El desfile acaparó la atención de grandes y pequeños con más de 240 integrantes de asociaciones vecinales, 60 personas de asociaciones de personas migrantes, más de 120 patinadores disfrazados y una docena de actores de las compañías de teatro que pusieron la nota artística al desfile y
Sus Majestades de Oriente ya habían expresado desde el balcón del Ayuntamiento que «León ha sido, un año más, un ejemplo de bondad». La primera parada de Melchor, Gaspar y Baltasar fue la estación de tren, medio que escogieron para llegar a la ciudad de León, que después recorrieron en el tren turístico.
En La Virgen, en avión
Los Reyes Magos tuvieron tiempo de pasearse por el alfoz. En Valverde de la Virgen, su aterrizaje en el Aeropuerto volvió a convertirse en uno de los momentos más entrañables, donde Gaspar, Melchor y Baltasar no escatimaron gestos de cariño con los más pequeños y desfilaron en sus curiosas carrozas por la avenida de la Aviación hacia la carpa navideña, donde fueron agasajados con un buen chocolate y caramelos. Las peñas y las escuelas deportivas se encargaron de añadir color y alegría a la comitiva.

Sus Majestades fueron recibidas en el aeropuerto de La Virgen del Camino.
Sariegos, todos con regalo
En Sariegos, mantuvieron su tradición de visitar cada localidad, haciendo paradas estratégicas cada hora en las iglesias de Carbajal de la Legua, Pobladura del Bernesga, Sariegos pueblo y Azadinos. Con el espíritu de que «ningún niño se quede sin regalo», los anticiparon y repartieron nada menos que 1.500 parques de caramelos, 250 litros de chocolate Santocildes y 1.500 cajas de donillas, unas rosquillas en forma de donuts. Se tata de una de las cabalgatas más familiares y cercanas, donde los Reyes entran en las iglesias y disfrutan de ese mundo dulce.

Las carrozas originales de Sariegos.
Villaquilambre, en tren
Por su parte, en Villaquilambre los Reyes llegaron en tren y recibieron las llaves mágicas del municipio para abrir todas las casas donde dejar los juguetes. la distribución de la cabalgata permitió que el espíritu de Oriente llegara a los diferentes núcleos del municipio, demostrando que la unión de sus pedanías es su mayor fortaleza en estas fechas señaladas.

Los reyes recibieron las llaves mágicas de Villaquilambre.
San Andrés: Marea de Ilusión
Trobajo del Camino y San Andrés vivieron también una tarde de lleno absoluto. Las carrozas, escoltadas por una organización impecable, hicieron las delicias de las familias que se agolparon en las aceras en una celebración que ya es un referente por su vistosidad y alegría. Sus Majestades cagalgaron a lomos de jeeps descapotables y se vieron renos y trineos. El colofón se produjo en el pabellón camino de Santiago con hinchables, chocolate y roscón.

Las carrozas por Pinilla.
Ahora, con las calles ya en silencio y los zapatos listos junto a la ventana, acompañados de algún dulce y una bebidad, para reyes y camellos, a León solo le queda esperar a que el sueño se haga realidad al despertar con todos los regalos a los pies del árbol decorado. Porque hoy, más que nunca, se ha demostrado que el Reino de León sigue manteniendo viva la llama de la tradición más pura y la magia de los más leoneses más pequeños.