El depósito de Alfonso XII, muerto de risa en León
El tanque de finales del siglo XIX del primer taller de tren en la provincia leonesa espera arreglos desde hace cuatro años

El depósito, en la parte superior izquierda de la foto, ayer tarde, en el punto donde está tirado desde hace cuatro años.
Renfe desmontó hace cuatro años el depósito de agua de los primeros talleres ferroviarios de la capital leonesa; un elemento protegido por el plan regional de ámbito territorial redactado para esta área, la pieza fue descolgada del soporte en el que llevaba instalada desde el final del siglo XIX. Primero, lo colocó en el suelo, en una de las vías aledañas al acceso a la entrada del taller de mantenimiento de remolcado en la capital leonesa, frente al Palacio de Congresos. El valor del depósito del agua lo es también por el legado histórico que aporta a la trayectoria ferroviaria de la capital leonesa, del que es testigo de referencia. Era depósito del agua de los primeros talleres y la extensión de la vía, inaugurados por el rey Alfonso XII, y con referencias ya en el año 1870, lo que le convierte en el bien ferroviario más antiguo de la capital leonesa. El depósito fue al suelo el 22 de febrero de 2022; dos días después la compañía ferroviaria puso en circulación un comunicado en el que anunciaba la restauración de ese valioso depósito de agua ubicado en el Taller de Material Remolcado de León y que volvería a instalarlo en su ubicación original. Lo afirmó el que entonces era representante institucional de Renfe en Castilla y León, Teodomiro González, mientras compartía la decisión tomada por la dirección de Renfe Fabricación y Mantenimiento. La historia del depósito de agua se remonta a finales del siglo XIX, por el servicio que prestó a los primeros talleres ferroviarios instalados en León. Estuvo en uso hasta finales de la década de los años 90 del pasado siglo. El patrimonio industrial ferroviario de León está en un baúl de recuerdos al raso, en el mismo lugar en el que se apartó hace cuatro años, cuando Renfe expresó su disposición a restaurar el elemento; y los carriles en los que estaba asentado, con una deterioro tan agudo que aconsejó bajar del pedestal el cilindro, que estuvo orillado fuera del recinto ferroviario de los talleres. Allí se dejó. Allí sigue. Con la huella de cuatro años sobre un escenario en recesión, porque el entorno forma parte del cinturón del óxido que se ha desabrochado León del talle industrial en el que pierde volumen a marchas agigantadas. El olvido de este patrimonio heredado no es una excepción, según se aprecia en la caída libre en la que ha entrado el remolcado en los talleres, hace tiempo ya un orgullo en el emporio ferroviario leonés. El olvido se vuelve a mostrar despiadado con León; no hace excepción ni cuando el legado recibió las bendiciones del rey Alfonso XII; el lustre de Caminos de Hierro dejó paso a la maleza. El depósito de agua de los primeros talleres ferroviarios que se levantaron en León como sostén técnico para el despliegue del tren por el territorio español cayó del pedestal en febrero, en febrero de 2022, y en el suelo sigue, en febrero de 2026. Ninguna de las acciones que la compañía ferroviaria responsable de esta herencia prometió poner en marcha para salvar el depósito se han llegado a poner en práctica. Dijo Renfe, entonces: "El desmontaje de este bien... responde a cuestiones de seguridad, ya que la base de esta pieza había experimentado una inclinación que amenazaba la estabilidad, a lo que hay que añadir problemas de corrosión de la estructura metálica». Se ve el esqueleto que lo sostenía, igual que aquel 22 de febrero de 2022 que ahora parece remoto aunque permanece impasible en un entorno decrépito, a pesar del optimismo que contagia el CRC, contiguo a ese escenario. El depósito no es excepción; a pocos metros del tanque, nadie pone velas ni flores a la aguadera de vapor que duda si se cae hacia el lado del olvido o se despeña en la lista de espera para entrar en el quirófano de la conservación. La estructura del depósito se compone de carriles mediante cruces de San Andrés, en dos alturas, para sustentar el entramado en el que se sujetaba el agua, en un recipiente formado por cuatro filas de chapas ensambladas somo un fuselaje entre remaches. Hay un catálogo que preservar el patrimonio, para que el legado no acabe arrinconado entre esquinas y detrás de los tapiales de lo que fue un caudal de riqueza para León; ahora arruinado.