La chapuza ferroviaria: San Andrés del Rabanedo, la eterna cobaya de las pifias de Adif
El Administrador de Infraestructuras maquilló en 2021 un problema que ahoga los pasos de Príncipe desde 1993.En los noventa ya se conocía la fuerte presión del agua subterránea en la zona

El último corte de los pasos de Príncipe ha dejado escenas singulares.
La historia de los Pasos de Príncipe es la crónica de un «atragantamiento» anunciado. Inaugurados hace más de tres décadas para evitar que los vecinos de Trobajo y La Sal tuvieran que dar un rodeo interminable para sortear las vías, el alivio duró poco.
Casi desde el primer día, la mala ejecución del proyecto original —que costó la friolera de 158 millones de las antiguas pesetas— condenó a la infraestructura y cada tormenta transformó los subterráneos en piscinas impracticables.
Durante décadas, San Andrés se resignó a vivir bajo la dictadura del clima y la desidia técnica.
Sin embargo, en 2020, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) inició lo que parecía el fin del calvario: una remodelación integral de 1,2 millones de euros que prometía, esta vez sí, tecnología moderna para evacuar el agua.
Los túneles se reabrieron con pompa en 2021, pero el espejismo de la eficacia duró poco. Tras unos meses de tregua, el sistema de bombeo volvió a demostrar su fragilidad. Las bombas comenzaron a atascarse con la misma facilidad que en los años 90.
Y desde entonces, los pasos se han tenido que cortar en más de una veintena de ocasiones. Lo que Adif vendió como una solución de ingeniería punta se ha revelado como un «maquillaje» caro de una estructura defectuosa de base.
La negligencia técnica rozó la tragedia el 9 de enero de 2024, cuando el vehículos de un matrimonio mayor quedó atrapado en el interior del subterráneo anegado y ambos tuvieron que ser rescatados por los servicios de emergencia en estado de shock ante la crecida del nivel del agua.
Para los vecinos de San Andrés, la sensación es de abandono absoluto. Según indica, resulta «humillante que, tras inyectar dinero público en dos siglos distintos, Adif siga utilizando este punto crítico como un laboratorio de pruebas fallido». No es falta de presupuesto, estiman, «es falta de respeto y considerarnos de tercera». Pero los habitantes de este municipio del alfoz leonés no quieren más parches ni más rescates heroicos. Exigen que Adif deje de tratar a sus barrios como la cobaya de sus peores chapuzas y ofrezca, de una vez por todas, una conexión seca, segura y digna.
El espejismo de la modernización de los pasos inferiores con el rosario de cierres que han sufrido confirma que el problema en Príncipe es estructural. Los túneles se sitúan en una cota demasiado baja y los colectores carecen de capacidad suficiente para tragarla, algo que Adif no tuvo en cuenta en 1993, a pesar de que ya se sabía que la presión del agua subterránea en esa zona es fuerte, y tampoco ha solucionado con la reforma de 2021 que anunció como la salvación para cientos de usuarios que los usan.
Los técnicos municipales advirtieron sobre irregularidades
Coser la fractura que provoca el tren a su paso por San Andrés del Rabanedo está constituyendo una tarea con demasiados zig-zag y pinchazos. Por si los errores y el retraso que acumularon los trabajos y la falta de apertura de su actuación principal, el puente que enlaza San Ignacio de Loyola con la sede del Ayuntamiento, no fueran suficiente, ahora se sabe que los técnicos municipales ya advirtieron de posibles irregularidades en el planteamiento de las soluciones de permeabilidad de 4,7 millones para el municipio. Unas presuntas soluciones para los subterráneos de Príncipe (que han seguido inundándose); para el puente sobre las vías (cerrado aún y cuya rotonda es pequeña para solventar el paso de los 16.000 vehículos que se prevén en la zona); y las pasarelas de Limonar de Cuba con ascensores estropeados y Párroco Pablo Díez aún sin quitar.