El colegio Padre Manjón se camela a sus alumnos
La capacidad imaginativa, el esfuerzo, la creatividad y la implicación del equipo docente ha frenado el absentismo en este centro educativo de León que, además, aumenta su matrícula cada curso

Para poder descongelar a la Reina de Corazones los alumnos del Padre Manjón tenían que resumir un historia que habían leído.
Frenar el absentismo ha sido todo un reto en el colegio Padre Manjón. Ubicado en Armunia, el 98% de su población es de etnia gitana y el 2% restante hijos de familias migrantes. En este contexto, sólo la energía, la entrega, la ilusión y las ganas del profesorado podía conseguir que los alumnos asistan contentos y puntuales a clase, que las familias se impliquen y que superen barreras y brechas hasta hace algunos años insalvables. No sólo han frenado el absentismo, han conseguido la confianza de las familias y curso tras curso crece la matrícula en Infantil, ya con 15 alumnos por curso, cuando esta es una etapa en la que la escolarización no es obligatoria. El centro se ha convertido en lo que ahora se conoce como una comunidad de aprendizaje, en el que familias y colegio se implican en la educación del alumnado. El siguiente objetivo ya está definido.
Nada más entrar al Padre Manjón se puede intuir la respuesta a la pregunta de cómo han conseguido estos logros. El colegio es un hervidero de imaginación, de creatividad y de actividades de lo más variopintas impulsadas por la veintena de docentes que trabajan que tienen el objetivo para conseguir captar la atención y enganchar a todos los alumnos. Y lo han hecho.
Las iniciativas educativas puestas en marcha incluyen la gamificación y experiencias motivadoras para el estudiantado. Nadie sabe qué día estará Jesús Borja Jiménez, Chuchi, de la Asociación Fendó Garlochí de León esperando a los alumnos a la puerta del colegio. Los que llegan puntuales, podrán asistir a una clase de cajón flamenco con él. Unos cajones que atruenan en el patio cubierto del colegio como llamada a la educación. Porque allí tocan todos, con más o menos arte, pero es algo que les gusta y que ha conseguido que los niños sean puntuales y tiren de sus padres para llegar a la hora al colegio.
«Hemos notado que llama la atención, este proyecto trabaja como una familia adaptándose a las necesidades del centro y de cada año. Había que trabajar con los niños y atenderles como necesita», explica Chuchi, quien resalta el papel del profesorado y explica que ahora los alumnos les dicen a sus padres «vamos al colegio que es divertido, quiero llegar pronto porque sino no voy con Chuchi».
La puntualidad y la asistencia se premia en el Padre Manjón. Es importante asistir a clase, cumplir con la obligación educativa y eso lo saben todos los alumnos que todas las semanas obtienen un cómputo de puntos por cada clase. La mejor también tiene recompensa.
Y así, con pequeños retos y propuestas se han ido ganando no sólo la atención de los alumnos, también de sus familias. «Queremos que los niños quieran venir al colegio contentos y ahora lo hacen, entran entusiasmados y muy motivados», señalan los maestros de forma casi coral en la hora del patio en la sala de profesores.
El proyecto más llamativo que tienen en marcha es la gamificación. Pero no es una gamificación sencilla y va más allá del simple juego, mucho más allá. La implicación de los docentes es tal que se disfrazan y roban tres y cuatro horas cada día a su tiempo libre para presentarse en clase al día siguiente con la vestimenta perfecta, fichas, adivinanzas, guiones... Laura Vicente Crespo es la entusiasta de este proyecto y cuenta orgullosa que los alumnos con los que comenzó a trabajarlo «han salido con el mismo perfil de sexto que si estudiasen en otro colegio».
A través del juego implican a todo el colegio porque Laura va recogiendo a alumnos de los diferentes cursos que, como embajadores, tienen que enfrentarse a pruebas y conseguir puntos para su clase. Mediante el juego fomentan la lectura, la expresión oral, las matemáticas, el pensamiento lógico... y así, con la cara de sorpresa de los alumnos de Infantil y el reto para los de Primaria este año el colegio se ha sumergido en el universo de Alicia en el País de las Maravillas. Por las aulas pasan la propia Alicia, la Reina de Corazones o el Sombrero Loco, perfectamente caracterizados, junto con el Archivero, un personaje que se han sacado de la manga para poder adaptar el cuento a las necesidades del proyecto educativo. «Es una experiencia completamente inmersiva», relatan la maestra, para explicar que en cursos anteriores los alumnos fueron arqueólogos o deportistas en proyectos similares.
Pilar, Mar, Laura, Susi, Sara, Ana... forman parte del equipo directivo y de la plantilla docente. Están convencidas con el trabajo que llevan a cabo y no quieren cambiar de colegio. «Nos hemos ganado la confianza de las familias y eso es algo muy importante», relatan. Un logro histórico ha sido participar en proyectos Erasmus y viajes «un logro excepcional, especialmente para las niñas de la comunidad gitana», ya que no suele ser habitual que les permitan estancias fuera de casa. «Van de excursión porque van contigo», les dicen las familias. Las maestras cuentan orgullosas que sus alumnos dan el salto al centro Don Bosco, que aunque les separa tan sólo una acera supone un salto importante para su formación. Entre sus alumnos ya hay universitarios y todo es un suma y sigue. Por eso reclaman el apoyo de la Dirección Provincial de Educación, «con continuidad del profesorado y más financiación, que nos han recortado. Queremos dejar de ser un gueto».
La atención a la diversidad junto con nuevas estratégicas y enfoques educativos, como aprender a leer por fonemas o matemáticas más manipulativas o el enfoque basado en el juego se combinan con una atención especial a las emociones. «Ahora sabemos un método para tranquilizarnos, respiramos, aguantamos unos segundos y soltamos el aire lentamente», explica Gerardo de quinto curso, después de que sus compañeros explicasen que la alegría es la emoción que más les gusta, pero que lo más importante es saber «controlar y entender qué es cada emoción, porque no es sólo hablar, también son gestos». Lo llevan trabajando ya diez cursos, no sólo con los alumnos, también con los propios docentes.
Los alumnos que han salido del colegio siguen llamando a sus maestras para resolver dudas o cuestiones educativas cuando ya han dado el salto al instituto. Por eso, tras conseguir la fidelización del alumnado (y familias) al colegio, frenar el absentismo y camelarse a los estudiantes, ahora darán el gran salto educativo.

El Padre Manjón se camela a sus alumnos

El Padre Manjón se camela a sus alumnos

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