El diésel abrasa a las familias leonesas con una subida del 20% en verano
El precio desbocado del combustible empobrece aún más la economía inflacionista
Una usuaria se prepara para repostar.
Casi 20 euros euros más por llenar el depósito. Esa es la diferencia que se encuentra ahora un conductor que reposte diésel respecto al final de junio. El litro del gasóil ha pasado de costar 1,506 euros a 1,862 euros en dos meses, mientras que la gasolina ha subido de 1,444 a 1,726 euros en el mismo periodo con los últimos datos disponibles del Geoportal de gasolineras del Ministerio para la Transición Ecológica hasta el jueves. León, que es una de las provincias de España en la que más ha subido el combustible en verano, afronta el asunto con un repliegue económico de empobrecimiento que resalta más allá de la inflación desbocada. Las listas del coste de la vida, con los combustibles a la cabeza, especialmente el diésel, abrasan la economía de las familias leonesas en esta dura vuelta a la actividad diaria de septiembre al final del mes vacacional de agosto, que ha sido un túnel sin luz al final. Los carburantes han encadenado ocho semanas consecutivas de alzas tras el fuerte descenso que registraron hace tres meses y están presionando la ‘cuesta’ de septiembre de las familias españolas que están viendo cómo las consecuencias de la guerra en Oriente Medio golpean con fuerza su poder adquisitivo. El operativo de regreso —como lo fue la salida de agosto — ya es la más cara desde 2022, cuando la crisis energética por la invasión de Ucrania azotó Europa con virulencia y el diésel alcanzó los 2,08 euros apenas unos días después de que la gasolina tocara los 2,12 euros. Si bien la situación actual es distinta, el contraste respecto al 30 de junio es especialmente acusado con un incremento del 24% en el caso del diésel y un 19,5% en el de la gasolina. El 26 de agosto fue el día en que ambos combustibles renovaron su nivel más alto del verano: 1,866 euros y 1,726, respectivamente. España es el país donde pese a todo, los carburantes se mantienen por debajo de la media de la Unión Europea —el precio medio del diésel se sitúa en 2,063 euros y el de la gasolina en 1,941 euros, según los últimos datos semanales del Boletín Petrolero de la UE— pero a la vez es el país donde más se han encarecido desde el inicio del verano. De esta forma, si llenar un depósito de diésel de 55 litros ha pasado de costar 82,83 euros a 102,41 euros —19,58 euros más-, hacerlo con gasolina cuesta ahora 15,5 euros extra. Unas subidas que no varían mucho por comunidades autónomas, con Cataluña a la cabeza y con la excepción de Canarias. Al ritmo del crudo y ayudas Este encarecimiento generalizado responde al repunte del precio del barril de Brent, que llegó a rozar los 126 dólares en abril y que a cierre del mercado europeo el viernes se movía en el entorno de los 88 dólares. Mientras, el precio del gas se ha disparado más de un 72% desde los 38,83 euros/MWh hasta los 66,87 euros/MWh —cerca de máximos no vistos desde 2023— en el mismo intervalo. La volatilidad de la cotización de estas materia primas en estos seis meses se ha producido al ritmo de los intercambios de misiles y las sucesivas treguas y ultimátums en la negociación entre Washington y Teherán que por ahora sigue sin llegar a buen puerto. Frente al gas, el crudo sí se ha relajado desde el pico más alto de esta crisis pero esto no ha implicado un abaratamiento en los surtidores. Y aquí entra en juego el denominado «efecto cohete y pluma» que se produce cuando el carburante sube de precio muy deprisa al aumentar el precio del petróleo, pero tarda mucho más en bajar cuando se abarata. No obstante, las oscilaciones en lo surtidores no se entienden sin la aprobación y posterior retirada de las ayudas fiscales que aprobó el Gobierno para paliar los efectos de la guerra. El repunte del gasóleo en las últimas semanas obligó a activar la cláusula de salvaguarda para elevar la rebaja fiscal de este carburante hasta los 20 céntimos a partir de mañana.