Diario de León
Publicado por
Primo Lucio Panera
León

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HABLAR de la Catedral es hablar de luz -«tiene más luz que cristal»-. La luz de la primera iluminación artística llevada a cabo en el año 1964, o de la actual. La luz de la chispa eléctrica -«centella» reza en las actas capitulares- que en 1715 cayó de la catedral, sin que produjese daño alguno. Y otra luz, el incendio de 1966. Dos días antes hubo sesión capitular para tratar «de las gestiones ante el Ayuntamiento de la ciudad con el fin de que el Cabildo dispusiera de una llave de acceso a los mandos del encendido para poder iluminar la Catedral en algún momento que conviniera». Efectivamente. El día 29 de mayo de 1966, Pentecostés, la catedral quedó iluminada; mejor, fue toda ella una iluminación. Y no por el uso de la llave de los mandos. A las 18,30 de la tarde una tormenta con gran descarga eléctrica, que no pudo recoger el pararrayos, provocó el incendio, siendo percibidas las primeras señales de humo a las 20 horas. Desde el Seminario se avisó a la catedral, a los bomberos y al obispo. A las 20,30 surgían las llamas en la cubierta del crucero sur y a las 21,30 ardía toda la techumbre alta de la nave central desde el ábside hasta el hastial de la fachada principal. El templo, contemplado desde Trobajo del Camino, el Portillo o el Portillín, era una barca de fuego anclada en medio de la ciudad. Pero el momento más alarmante se produjo al oírse un tremendo crujido, por el derrumbamiento del tejado de esta nave sobre las bóvedas, y seguidamente un estruendo al caer en el interior del templo ocho florones de madera que colgaban de las claves de los arcos. Se pensó que las bóvedas comenzaban a derrumbarse, pero los técnicos tranquilizaron al explicar que éstas tenían un mullido de escombros que impedían la penetración del calor hacia las mismas. A las dos de la madrugada estaba totalmente extinguido el fuego. Una respuesta ejemplar Estuvieron presentes el alcalde desde el primer momento con el equipo de bomberos, los gobernadores civil y militar, el presidente de la Diputación y demás autoridades; la Aviación, el Regimiento, la Policía, Guardia Civil y fuerzas de todo orden y elementos técnicos como los arquitectos. También personas particulares, entusiastas y vecinos acudieron de inmediato a prestar ayuda a todo orden arriesgando sus vidas. Llegaron telegramas de autoridades civiles y eclesiásticas de España, Europa y América. Especialmente elocuente fue el del Ministro de Información y Turismo. Colaboración muy valiosa prestaron los seminaristas con el traslado al Seminario de las reliquias de San Froilán y de valiosas piezas del Museo. Las emisoras de Radio León, Radio Nacional y TVE lanzaban desde los primeros momentos llamadas angustiosas. Se movilizaron hacia esta ciudad equipos de bomberos de Zamora, Valladolid, Base Aérea de Villanubla, Palencia, Santander, Oviedo, Avilés y Base de Torrejón de Ardoz. Sorprendió entonces que Radio París y la BBC de Londres informasen puntualmente esa misma noche del evento y que el lunes lo hiciera la prensa italiana y francesa. Varias agencias extranjeras enviaron corresponsales a nuestra ciudad. La prensa local y nacional no escatimaron tiempo ni espacio en su información. En la mañana del lunes se personó en el palacio episcopal monseñor Enrique Tarancón, Metropolitano de Oviedo, para interesarse por la dimensión del siniestro y acompañar en estos momentos a monseñor Almarcha quien, a sus 79 años, superadas las horas de amargura y de angustia de la noche anterior, estaba ya más preocupado en la inmediata restauración. De Madrid llegaron también el arquitecto de la catedral, responsables y técnicos de los Ministerios de Educación y Ciencia, de la Vivienda y de Hacienda. En reunión con el señor Obispo y el presidente del Cabildo quedó decidida la restauración de la techumbre de la Catedral con una nueva estructura metálica. Esa mañana se iniciaron las labores de descombro. Manos a la obra Este mismo día 30 don Luis Almarcha decía en un comunicado: «Nada de su valor artístico e histórico quedó destruido. Ahí están intactos los muros; intactas las vidrieras; intacto nuestro archivo histórico; intacto nuestro museo». Y manos a la obra. El día tres de junio solicita el obispo al ministro de Hacienda la subvención de cinco millones de pesetas, que se concedió para la nueva cubierta según proyecto del arquitecto de la catedral Luis Menéndez Pidal. El día 14 de agosto, el ministro de Hacienda, Juan José Espinosa San Martín, entregó personalmente a monseñor Almarcha un cheque por esa cantidad. A ello hay que añadir la cantidad de 312.308,99 pesetas, la técnica y los elementos necesarios que aportó el Ministerio de Educación y Ciencia. A nivel particular, la fundición Rogelio Fernández aportó toda la obra de la estructura metálica de la nave central. También llegó un donativo de la catedral Metodista de Washington recordando que sus vidrieras se hallan inspiradas en la de León. Hubo otras aportaciones. El Cabildo intuía esta solidaridad, pues al tratarse en sesión de 23 de junio 1966, de la conveniencia de anunciar una suscripción pública «la mayoría opinó que mientras no se conozca lo que el Estado está dispuesto a hacer por su cuenta, tal vez fuere contraproducente». Las obras de la nave central con las nuevas cubiertas finalizaron el día 15 de octubre de 1966 pero no fueron recibidas hasta el 28 de mayo de 1967. Ese mismo día hubo una solemne ceremonia en la catedral con Misa y Te Deum de acción de gracias por no haber sufrido el templo daños en lo artístico e histórico. También para cumplir el Cabildo un año más con el voto por la inmunidad del templo cuando en 1715 cayó otro rayo. El incendio predicó, proclamó y anunció su belleza. El incendio la hizo más bella. El momento de mayor alarma se produjo al oírse un tremendo crujido tras derrumbarse el tejado sobre las bóvedas El 28 de mayo de 1967 se ofreció un Te Deum de acción de gracias

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