Diario de León

Estampas del camino a su paso por el Bierzo

El peregrinaje hacia Santiago de Compostela a través de las tierras bercianas deja ver la constante influencia del Camino en sus pueblos, sus gentes, nombres, costumbres y tradiciones El Temple,

Curiosa estampa del puente del ferrocarril en Ponferrada tomada en el año 1908

Curiosa estampa del puente del ferrocarril en Ponferrada tomada en el año 1908

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Enrique Alonso Pérez - león
León

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El peregrino del «Xacobeo 04», que como nosotros haya hecho parada y fonda en la sugestiva villa de Molinaseca, puede optar, para llegar a Ponferrada, entre las dos variantes que a unos tres kilómetros y medio de la capital berciana presenta nuestra andadura por la vieja Ruta Jacobea. Si el romero sigue la senda que le marca su diestra, que coincide con la carretera general, llegaría al Boeza, salvado por un puente construido el pasado siglo como réplica al antiguo puente romano hundido hacia el siglo XIII cansado de aguantar las crecidas invernales. Cerca de seis siglos duró la situación y dio lugar a la fundación de una cofradía que puso a punto el enlace de las dos orillas a través de una barca que aún hoy se recuerda con el nombre que se maneja en la zona: «paseo de la barca». La documentación recoge en este lugar la existencia de un poblado que extendía su caserío por ambos extremos del puente, y que fue conocido con el nombre de «Burgo de Pomboeza», donde los peregrinos hacían un alto considerable para tener tiempo de visitar las veneradas ermitas de Santa María de Pomboeza y la de San Blas, con especial devoción por su acción benéfica sobre las gargantas. Y si el peregrino decide retomar la ruta en el lugar que señalábamos su bifurcación, a los diez minutos atravesará el arroyo de Valdegoreta, una variante que fue concurridísima en la Edad Media, sobre todo desde la desaparición del puente de Pomboeza, conocida por la senda de los gallegos, que enlazaba en Ponferrada con el barrio de La Borreca por el puente de Mascarón. Sin embargo, la mayor parte de los romeros que por allí pasaban, quedaban «enganchados» por la particular belleza del pueblo de Campo, pues su plaza barroca brillaba con el encanto de su antigua casa rectoral -hoy convertida en típico mesón-, la ermita del Santo Cristo, la escuela y las casas blasonadas, de apellidos tan sonoros como los de Villaboa, Valcarce, Ucieda, Gavilanes... y el atractivo complemento de un pozo artesanal. Nacimiento de Ponferrada Y al fondo, Ponferrada, nacida al calor de la riada peregrina, cuyo origen estudió exhaustivamente nuestro siempre admirado Augusto Quintana Prieto, que en alguno de sus múltiples escritos dejó constancia de esta manera: «Sabido es que la actual Ponferrada trae su nombre y su origen de un puente famoso, construido a finales del siglo XI por Osmundo, obispo que fue de Astorga allá por los años de 1082 a los de 1096, para comodidad de los peregrinos que iban a Santiago, y tenían que cruzar el río Sil por un lugar despoblado y sin medio alguno que facilitase el acceso a la opuesta ribera, y quizá también porque él mismo hubiese sentido el contratiempo de esa dificultad en anteriores peregrinaciones, decidió el bondadoso obispo construir el puente que facilitase el paso a la otra orilla. A sus bordes puso, en contra de la costumbre heredada de los romanos, unas barandas de hierro, que desde el primer momento comenzaron en llamar poderosamente la atención. Y tanto debió de ser su asombro ante lo insólito del hecho, que comenzaron a llamarle -y la denominación ha prevalecido hasta el día de hoy- «el puente de los hierros»: Ponsferrata. Así nació el nombre». En el año 1178, sesenta años después de haber sido fundada en tierra Santa la Orden del Temple -así llamada por su ubicación en el recinto del antiguo templo de Jerusalén- los Templarios entraron en Ponferrada al mando del Maestre Frey Guido de Guarda, y durante 134 años mantuvieron su ejemplar guarnición y supieron impregnar con su recia personalidad al pueblo ponferradino.

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