Diario de León

| Análisis | Europa y el Reglamento de Explosivos |

Un fortín con las ventanas abiertas

La avanzada legislación española en vigilancia de explosivos pierde parte de su sentido en una Europa donde ya no existe el control de fronteras, y en la que algunos países tienen controles muc

La industria y la obra pública española precisa utilizar miles de toneladas de explosivos cada año

La industria y la obra pública española precisa utilizar miles de toneladas de explosivos cada año

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Juan Vázquez - león
León

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Sin pretender una invulnerabilidad absoluta que resulta imposible, España es uno de los países europeos que más difícil se lo pone a quien planease un robo de explosivos gracias al reglamento que desde 1998 regula las estrictas medidas de seguridad exigibles a los fabricantes, transportistas, vendedores y consumidores finales de este producto. Este esfuerzo reglamentario y económico -la mayor parte del precio de los explosivos se deriva de los costes de seguridad- pierde sin embargo gran parte de su efectividad por la existencia de controles mucho más relajados en otros estados dentro de una Europa en la que ya no existen controles fronterizos. Fuentes de las fuerzas de seguridad del Estado y de la industria del explosivo coinciden en asegurar que en España es materialmente imposible que tenga éxito un robo como el que se produjo en la localidad francesa de Grenoble en el año 2001, cuando dos etarras consiguieron hacerse con varias toneladas de Titadine, miles de detonadores y varios kilómetros de cordón detonante simplemente apuntando con una pistola al único vigilante de un polvorín y cargando el material en una furgoneta. El mayor esfuerzo español a la hora de controlar el tráfico de explosivos no ha servido sin embargo para evitar que el material robado en Francia sirviera para cometer asesinatos durante cuatro años a este lado de los Pirineos. La globalización del terror «Después de la barbaridad de Madrid habrá que tomar medidas, ¿pero qué podemos hacer?, ¿poner un guardia más y que haya tres en lugar de dos? La verdad, no creo que eso sirva de gran cosa; únicamente para persuadir a quien quiera robar explosivos aquí, pero puede hacerlo en Portugal o en Francia y después traerlos tranquilamente por carretera». Esta reflexión de un profesional del sector minero, también compartida por muchos técnicos policiales, apunta a que las medidas de prevención más efectivas no deben partir de España o, al menos, no sólo de España. Al margen de que los explosivos que se emplearon en los atentados de Madrid fueran robados en España o en el extranjero, lo cierto es que el 11-M ha supuesto un cambio cualitativo fundamental a la hora de plantear la necesidad de incrementar el control de este material a nivel internacional, sobre todo europeo. Y es que aunque nadie duda de la solidaridad y la colaboración de los Quince con España para combatir el terrorismo, lo cierto es que la lacra etarra era para ellos un fenómeno español que, como mucho, afectaba en menor medida a Francia, mientras que el 11-M constituye algo bien distinto para el resto del continente: una amenaza real que se materializó en Madrid, mucho más cerca que las Torres Gemelas de Nueva York, y que la próxima vez puede azotar a cualquier país europeo. No hay soberanía sin seguridad La matanza de Madrid no puede resultar estéril, y no será así si sirve para empujar a los estados europeos a romper sus reticencias hacia la cesión de soberanía que se necesita para desarrollar una política común de seguridad y defensa. La Europa que era un solo país en lo económico, pero quince en lo político, también murió en los atentados del 11-M Madrid, porque el hombre no es bueno por naturaleza, o al menos no todos lo son, y por las fronteras que se abrieron para el euro también puede entrar la goma dos. El castillo más sólido no puede ofrecer refugio con las puertas abiertas, ni ningún estado conservará su soberanía si es vulnerable.

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