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La hoja Un sueño Tú puedes hacer que las cosas cambien Paséate

1º de ESO
Una noche de frío invierno, ya había terminado mis deberes y me coloqué en el sofá. Había merendado mcuho, mi casa estaba calentita y me quedé dormida. Estaba soñando con una niña llamada Bea que tenía un gato llamado Juanra. Hasta aquí todo normal. Pero el sueño era el siguiente: en mi casa hay un hermoso frigorífico que yo quiero mucho (yo soy un poco glotona, sobre todo con el chocolate, nocilla...) y le abro muchas veces. Mi amigo el frigorífico ya no tenía luz, se había estropeado y por tanto mi mamá lo llevaba a la basura. No podía con él y le ayudó mi papá. Entraron al ascensor. Cuando iban a ponerlo al lado del contenedor, porque dentro nada cabía, llegó mi amiga Bea acompañada de su gato Juanra y le dijo a mi mamá: Carmen, no pongas eso ahí. No es su sitio. Pero los mayores algunas veces no oyen o no quieren oír loq ue decimos los niños y mi amigo el frigo estaba casi al lado del contenedor. Pero ¡oh!, sorpresa, Juanra el gato callejero que estaba enseñando a proteger a todos del medio ambiente puso su pata en la mano de mi papá y el frigo cayó al suelo. Entonces se oyó la voz de Bea que les decía: hay que llevar estos residuos a contenedores especiales o puntos limpios porque así conseguiremos: suelos y aguas limpias, conservar lso recursos naturales, mantener la salud de todos y tener un paisaje limpio, bonito y cuidado. En este momento, oí la voz de mamá que decía: «Anda hija, vete a la cama». Abrí los ojos y me encontré en brazos de mi mamá camino de mi habitación. Miré hacia la cocina y ví el frigorífico en su sitio. Entonces me alegré y me dí cuenta de que todo había sido un sueño. Hace tiempo, había una preciosa hoja que se encontraba en un árbol. Su color verde amarillento brillaba con los cálidos rayos de sol. Un viejo árbol con miles y miles de años que se pstraba en un pequeño parque. El árbol había vivido guerras, terremotos e inundaciones y había sobrevivido a la avaricia y despreocupación de l anaturaleza por parte del hombre.La vida de la hoja llegaba a su fin. El árbol quería ser como la hoja, nacer, crecer y caerse dulcemente sobre la hoierba, sin embargo lo que a él le esperaba no era eso, ya que tendría que soportar la crueldad humana y moriría a manos de la mayor arma letal humana, la contaminación. El árbol, sumido en su tristeza, halagaba la vida de l ahoja, ésta, intentando compadecer al árbol, le decía que todo acabaría y que algún día viviría feliz. La hoja se desprendió del árbol, éste, lleno de envidia la observaba celoso de no poder caerse y volar surcando los cielos. Se tendría que conformar con ever el planeta desde ese abandonado parque y de observar a los niños que se acercaban allí sólo cuando se les escapaba el balón y se escondía entre los árboles con la esperanza de que no le encontraran. La hoja cayó al suelo y su felicidad se esfumó. Se encontró con todo lo que no quería ver, latas, papeles, envases... Ya no quería estar allí, no quería que su vida acabara entre basura. De repente seseó no acabar así. pasó la noche sin dormir y al día siguiente, con la salida del sol, llegó una ola de hojas y desperdicios que la rodearon, sus intentos de escapar fueron inútiles y rendida se dejó llevar arrastrada como si no sirviera ya para nada sufrir más. Después de varios minutos fue recogida y consiguió ver a un hombre de mediana edad que la miraba con mirada cansada.Después de un largo viaje, la llevaron hacia un descampado con otras miles de hojas y desperdicios. Acomodándose entre un poco de tierra que había llegado con ella se durmiío y esperó para que su piel se secara y muriera aunque no fuera dignamente.Después de varios días, notó una fuerza que la llenaba de vida, pensó que sería el cielo, pero estaba equivocada. Entre la tierra le emeza poco. Después de una semana, ya había formado una pequeña ramita. De pronto, apareció de nuevo aquel hombre con mirada cnasada, ésta vez acompañado con otros dos chicos, bastante más jóvenes que él. Una gran pala la levantó y la llevó hacia un gran cubo de basura, pero cuando estaba a punto de ser arrojada, uno de los chicos la vio y la sacó de allí, seguidamente la plantó en el parque en el que se encontraba el árbol que le había mantenido y le había dado vida durante tanto tiempo. Pero aquel árbol ya no se encontraba allí. No quedaban árboles, los habían cortado. Todo había desaparecido excepto la basura. La ramita se convirtió en árbol y creció abandonada y sin compañía. Al cabo de un tiempo, quisieron derribarlo, pero gracias a un pequeño grupo de personas que seguían a favor del medio ambiente, se lo impidieron. Esta hoja que se convirtió en árbol vive amargada porque está rodeada de basura. Por eso, el árbol quiere hacer un llamamiento a todas aquellas personas que siguen destruyendo nuestro planeta. Sólo quiere un poco de solidaridad, que la gente recicle, que no tire basura, que no gasten más del agua que necesiten y que contaminen lo menos posible, para que algún día, aunque sea lejano, se renueve su parque y pueda vivir feliz y en paz rodeada de sus parientes y amigos. Si hay algo cotidiano, es la basura. La tenemos en casa, en la calle, en los comercios, en la industria... Cuando cerramos la bosla y la tiramos al contenedor, olvidamos qué es lo que contenía y la mayoría de nosotros siquiera sabemos dónde va a parar. Seguro que con una mayor información, todos nosotros, desde los cero a noventa años, lograríamos que la bausra y la contaminación disminuyan. La clave: el reciclado. ¿Qué basura es posible reciclar según la edad de cada uno de nosotros?. Aquí siguen algunos ejemplos: De cero a tres años: ¿Sabían que los pañales de usar y tirar ocupan un 1% de los vertedoros y que tardan 500 años en descomponerse? La solución: usar pañales de algodón y tela que se pueden usar hasta 100 veces y taradan en descomponerse entre uno y seis meses. De cuatro a catorce años: ¿Sabían que los anillos de plástico para unir refrescos son un peligro para las aves y muchos peces? Recorta con una tijera adecuada los círculos de estos anillos y cuando estés en la playa, recógelos y realiza la misma operación antes de tiraros a la basura. De quince a veinticinco años: ¿Sabían que hay artículos de cocina que son potenciales tóxicos o contaminantes? Tóxicos como el plástico adherente con el que envolvemos nuestros bocadillos o contaminantes como el papel blanco, las servilletas o el filtro del café. Pidamos a los padres que no compren estos artículos y en su lugar usen trapos de cocina y fiambreras o bolsas de celofán. Hablemos de contaminación: De veintiséis a cuarenta y seis: ¿Sabían que cuanta más electricidad consumimos hay más contaminación de las centrales eléctricas? Usemos bombillas fluorescenets; se evigaría casi la emisión de media tonealda de CO2 a la atmósfera durante la vida de la bombilla. Podemos poner en práctica el «preciclaje». Solamente tenemos que seguir el lema «reducir residuos antes de comprar». De cuarenta y siete a sesenta y siete: Todos sabemso que los coches afectan muy negativamente al ambiente. asegurarse de que funcione lo más eficazmente psoible es esencial para no contribuir al efecto invernadero. La cantidad de combustible mal consumido (la mala regulación del motor, insuficiente inflado de neumáticos) es directamente proporcional a la cuasa de la muerte del bosque y a ciertas enfermedades pulmonares. No dejemos el motor a ralentí sin necesidad, mantengamos limpio el filtro del combusitible y no usemos si es posible el aire acondiconado, que contribuye directamente al efecto invernadero. De sesenta y ocho a cien años: La experiencia de nuestros mayores en la mejor de las enseñanzas para los más jóvenes. Los abuelos podrían explicar qué es el desarrollo sostenible a sus nietos y cómo las necesidades de nuestra sociedad no tienen por qué alterar el medio ambiente o agotar los recursos de nuestra tierra. ¡Bien chicos! Buenas tardes. ¿Sabéis qué? Hoy, iba yo paseando por la calle y en esto que siento algo blandurrio en el zapato. ¡Era un excremento de perro! Sí, sí, no te rías, tal y como lo oyes. Caudno vas paseando tranquilamente por la calle, tienes sorpresa. Y si te das cuenta, vas haciendo el zig-zag sin parar ni nada. Si yo tuviera una mascota, llevaría una bolsa y recogería sus «cositas». Como el refrán dice: persona afortunada, la que pasea sin ver nada. Y fuera de bromas, podíamos ser más cuidadosos y si vemos a alguien que pasa de lo que su mascota haga, le digamos: «pero mira el pastel, la puedo recoger, ¿no? Los fines de semana que pasas enl a montaña oliendo a frescor, pescando, jugando, comiendo y durmiendo al aire libre, se agradecen y más cuando no te encuentras esas cosas marrones por ahí. Los animales necesitan comer hierba limpio, no con cosas que haya en ella y las vacas se la coman o si a ti te dan un plato de lentejas, ¿lo comerías con las mondas de plátano o con la mahonesa por el plato tirada Piensa y colabora.