INSTITUTO LANCIA (LEÓN) COLEGIO LEONÉS SAN ISIDORO INSTITUTO LANCIA (LEÓN)
Decidimos nosotros Convivencia Plink y Plank

1º de bachillerato
Es vivir unos con otros en compañía y alegría. Sin que haya guerras, discusiones solamente paz, alegría y amor. Facilitarnos las cosas unos a otros, luchando para conseguir que la vida sea mucho más fácil, cuidando el medio en el que vivimos. Tirando los papeles en las basuras, no manchando las calles ni haciendo gamberradas. Ayudar a los señores mayores y tener una buena educación con los demás. Colaborar mucho en casa, manteniéndola limpia y organizada porque entre todos es poco y para uno es mucho el trabajo. Obedecer a los maestros y a los señores mayores ya que ellos nos pueden enseñar a ser mucho mejores y tener una mejor educación y cultura. Respetar las normas que hay en el cole gio, casa y por todos los lados donde nos movemos. Y no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Tener todos nuestros corazones muy unidos y que no haya muertes, accidentes y desastres por todas las calles del mundo... Hay que compartir con el que tenga menos que nosotros y ayudarle en lo que podamos. Se levanta el sol sobre la ciudad de León. Como todos los días, la familia Rodríguez despierta para comenzar la jornada. Los niños toman el desayuno, todavía con caritas de sueño. La madre les prepara una deliciosa comida para su vuelta de instituto. Allí está entre sartenes, fuegos, ollas. El CO2 invade la cocina acompañada de su primo el CO. También les hacen compañía el vapor de H20; N2... todos juntos se unen para contaminar cada día en pequeñas proporciones nuestro pequeño y estropeado planeta. Pero al igual que la familia Rodríguez, el resto de cocinas de León, ayudan a perjudicar el medio ambiente cada día. Bufa, el perrito se queda solo acompañado de los vecinos, unos ancianos muy agradables. Aún dormido ladra suavemente a los niños para despedirse. Como cualquier perro sale del jardín y allí, corre, salta, ladra, estornuda; se intenta divertir. Llegan las doce y el sol en lo alto calienta y Buffi bosteza. Le entra el cansancio y decide tumbarse entre las flores. Próximo a él se había dejado tirado un trozo de cristal, un culo de botella. Los rayos del sol comienzan a concentrarse originando un pequeño fuego que se extiende lentamente. El pobre perrito olfateó y ladró asustado. Los dos ancianos le oyeron, se asomaron y rápidamente corrieron a apagarlo. ¡Qué desastre! -decía el hombre- ¡Qué poco respeto tenemos! Asintió la mujer. Buffi al oírlo meditó: «¿Cuál es el animal más peligroso de la naturaleza?», está claro; «el hombre». No decía ninguna mentira el perrito conocía los peligros para el medio ambiente ya que convivía con ellos diariamente. Llegó el fin de semana y la familia Rodríguez decidió pasarlo en una casa rural al Norte de Cantabria. Era un pequeño pueblecito rodeado de verdes prados, estrechos riachuelos que atraviesan el paisaje, altos eucaliptos que dan un aroma característico al lugar, ¡era un típico pueblo cántabro! Todo no era tan bonito, la naturaleza se veía castigada una vez más por el hombre. Cerca, una fábrica de muebles que próxima a los riachuelos arrojaba todo tipo de sustancias de deshecho, las aguas se volvían turbias, desaparecía el oxígeno y los pobres peces aparecían flotando en la superficie. Las plantas cercanas a los ríos bajaban sus hojas por falta de luz solar. Era una escena triste. Allá a lo lejos se aproxima un camión cargado de árboles talados. Se abren las verjas y entra. Los trabajadores se ponen manos a la obra y empiezan a descargarlos. Van a ser transformados en preciados muebles para llevarlos al mercado. ¡El bosque se queda más desnudo cada año que pasa! La familia se acostó. El viaje había sido largo y el día siguiente podía ser también fatigoso. Laura, la niña, tardó en conciliar el sueño. Daba vueltas y vueltas pero el sueño se le escapaba una y otra vez, no conseguía retenerlo entre sus pensamientos. De repente empezó a llover, la niña se detuvo a escuchar como las gotitas de agua golpeaban monótonamente contra el cristal. Ahora sí, ahora ese martilleo suave y constante hizo que el sueño se apoderara de su rendido y cansado cuerpecillo... pero una rebelde gotita entró en el subconsciente mundo de los sueños... «Era transparente, sin forma, sin olor, sin sabor. Descendía por el cielo acompañada por las demás. ¡Plaf! Soñó. Nuestra gotita se mezcló con el resto en el agua del río. Viajaba rauda, iba de un lado para otro, descendía vertiginosamente en los desniveles... era alucinante. Por fin llegó la calma y notó como se aproximaba a un lugar más salado y extensísimo, ¡el mar! Allí todo era diferente, conoció los grandes océanos, miles de especies exóticas, argentinos bancos de peces brillaban al sol... aquello extasiaba a nuestra inocente gotita. Pero como a toda gota, le llegó el momento en que el sol la evaporó y ya junto con otras gotas formando nubes se condensó volviendo a su lugar de origen; la nube. ¡¡¡Ring!!! Era el despertador. La familia Rodríguez se disponía a pasar un buen día aprendiendo, disfrutando y conociendo lo que nos depara la naturaleza cuando el hombre hace un buen uso de ella. Había una vez dos gotitas de agua muy saladas que se llamaban Plink y Plank. Eran inseparables, vivían juntas en el mar y tenían muchas amigas. Un día muy caluroso salieron a jugar demasiado a la superficie y, correteando una detrás de la otra, de repente, se esfumaron las dos como por arte de magia y comenzaron a ascender hacia el cielo. Ambas se sorprendieron muchísimo de su hazaña: ¡habían experimentado un cambio de estado: la evaporación! Juntas, observaban los bonitos paisajes de la Tierra desde las alturas, pero cada vez tenían más frío al ir subiendo más y más. Hasta que un buen día llegaron a un lugar donde había más gotitas como ellas y se pegaron unas a otras condensándose y formando una nube. Así estuvieron una época, todas apretujadas como sardina enlatadas y viajando de un lugar a otro en ese medio de transporte tan peculiar. Pero un día, la nube comenzó a oscurecerse mucho y se asustaron ya que algunas gotas más viejas les habían contado lo que sucede4ría después y les habían metido miedo. Una de las viejas les dijo que las nubes se oscurecían cuando iba a haber un chaparrón, por lo que pronto se desprenderían unas de otras con fuerza y caerían rápidamente otra vez a la Tierra, donde se darían un gran coscorrón. Entonces, todas empezaron a temblar, pero se asustaron aún más cuando vieron una luz y al rato un gran estruendo. Era el principio de una violenta tormenta. Se sucedieron más rayos y truenos hasta empezar a llover. Plink y Plank vieron caer a sus amigas y dedujeron que... ¡pronto serían las siguientes! Más tarde sintieron una gran fuerza que tiraba de ellas hacia abajo, la gravedad, por lo que cerraron los ojos y se dieron la mano muy asustadas. Entonces comenzó su caída libre. Se les hizo eterno. Hasta que, un poco más abajo, cuando ya caían rápidamente, se separaron y una cayó estrepitosamente en el tejado de una casa, eran Plank, quien empezó a llorar del dolor y al ver que Plink ya no estaba a su lado. El aterrizaje de Plink fue menos doloroso pero más pringoso. Había caído en un estanque lleno de residuos de una fábrica de jabones que había al lado que sólo tenía una pequeña salida hacia un riachuelo y había quedado atrapada dentro de una pompa de jabón junto a otras tres gotas de agua llamadas Plonk, Plenk y Plunk. Las tres gotitas eran más pequeñas que Plink, quien las animó a intentar salir de allí con algún plan que se las ocurriese. La pompa estaba cerca de la orilla y después de mucha cavilación, a Plink se le ocurrió que si llegaban hasta la orilla, tal vez la pompa estallase y quedarían libres para poder salir nadando de ese estanque. Entonces dijo a sus compañeras que soplaran todas juntas hacia la orilla y así lo hicieron, pero eran pocas y no dio resultado. Un día, ya desfallecidas de tanto esfuerzo por llegar allí, sopló una ráfaga de viento, con la suerte de que la pompa fue transportada hacia el riachuelo. Una vez allí, se chocaron contra una orilla y se liberaron, por lo que se pusieron muy contentas y nadaron juntas riachuelo abajo, riendo y charlando. Mientras sucedía esto, Plank seguía lamentándose de su dolor al caer por el tejado de la casa y siguió el resto del camino apática y dejándose llevar por la corriente. Después de bajar por un canalón y atravesar la acera, cayó por una alcantarilla hasta llegar a las cloacas de la ciudad. Allí abajo olía muy mal y Plank, sin hacer caso de lo que la rodeaba fue sorteando gran cantidad de obstáculos sin la más mínima intención, hasta salir por un conducto a un río ya importante, donde se desprendió de la mayor parte de la porquería que tenía pegada. Las gotas que llegaron sanas y salvas junto a ella al río la preguntaban cosas e intentaban que se riese pero Plank seguía triste por la ausencia de su amiga. Un gran acontecimiento estaba por suceder. Al día siguiente, Plank pasó junto a la boca de un riachuelo que acababa en el río y se encontró... ¡A Plink y a sus nuevas amigas Plonk, Plenk y Plunk! Las dos se abrazaron muy contentas de verse de nuevo y Plink la presentó a sus tres amigas de aventuras. Las cinco corretearon y jugaron por el río y se hicieron grandes amigas, hasta llegar al mar de nuevo, donde contaron a las pequeñas gotas sus aventuras. Y vivieron felices y comieron... ¡chapapote!