Diario de León

| Crónica | La tradición de las Cantaderas |

Y ya van casi doce siglos de riña

El canónigo Primo Panera y el concejal Vicente Canuria reviven la ancestral discusión entre el Ayuntamiento y el Cabildo sobre la naturaleza del tributo de las cien doncellas

La danza de las cantaderas y la sotadera abren la ofrenda de la ciudad

La danza de las cantaderas y la sotadera abren la ofrenda de la ciudad

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Juan Vázquez - león
León

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Abogado de profesión en su vida civil el edil Vicente Canuria, y antiguo profesor suyo de legislación mercantil el clérigo Primo Lucio Panera, ambos escenificaron en el claustro de la Catedral de León un pleito que desde hace casi doce siglos enfrenta al Ayuntamiento de la ciudad con el Cabildo catedralicio para determinar si el tributo de vino y mies que cada año entrega el pueblo de León en agradecimiento a Nuestra Señora de Regla es una ofrenda voluntaria o una obligación contraída. El origen de esta disputa data del año 840, cuando según cuenta la leyenda, el rey Ramiro I de León liberó al pueblo del tributo que anualmente debía pagar al califa de Córdoba mediante la entrega a su harén de cien doncellas después de una épica victoria de poco más de mil cristianos sobre no menos de 50.000 guerreros sarracenos en la collada riojana de Clavijo. Tan desigual batalla parece ser que se inclinó del lado más débil gracias a la intervención del apóstol Santiago, que con las tropas leonesas acorraladas, se le apareció al rey Ramiro para tranquilizarle, y al día siguiente se ganó, espada en mano y sobre un caballo blanco, el sobrenombre de matamoros. El munícipe Canuria retó a Don Primo a que pruebe la realidad de unos hechos que se antojan más bien fantásticos, argumento que el vicario contrarrestó con el valor de la tradición, de la que aseguró que «cuando se apoya en algo real es al mismo tiempo memoria y profecía; lo vive el pueblo y es más que la historia; es metahistoria», dijo. El clérigo llegó incluso a exhibir el acta de una sesión municipal del siglo XVII en la que el propio municipio reconocía su obligación de cumplir anualmente con el voto. Agotada esta vía, Canuria optó por intentar el conflicto de competencias, e instó al Cabildo a reclamar tal obligación al Gobierno central o a la Junta, puesto que el Reino de León era por entonces germen de la actual España, y en Clavijo lucharon cristianos de todas las comarcas. A Primo Panera le sonaron tales argumentos a la misma canción de cada año, y recordó que la gratitud, que obliga, y la caridad, que se dispone, son dos virtudes que no pueden convivir.

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