| Perfil | Antonino Fernández |
El corazón del indiano
Antonino Fernández tiene la cabeza en la cima de los negocios y el corazón bajo el manto de la Virgen del Camino. El buque insignia de su compañía, la cerveza Coronita, vendiéndose por millones de litros en más de 150 países, y la meta fijada en la canonización de Isabel la Católica. Una mano puesta en las finanzas y otra en las obras de beneficencia. No porque tenga que acallar su conciencia, como aclaró ayer mismo uno de sus colaboradores, sino porque heredó de su predecesor un imperio cuyos horizontes ampliar, pero marcado por un compromiso social claro. Empresario y filántropo, unido más allá del océano por el cordón umbilical que nunca ha roto con León. El pueblo en el que nació, y el que eligió, en vocación también heredada, en su devoción a la obra de la Virgen del Camino y los padres dominicos. Antonino Fernández nació en Cerezales del Condado un 13 de diciembre de 1917. Antes de cumplir los treinta años dejó su trabajo como policía municipal para hacer las américas. Inició aquella aventura de la mano del tío de su mujer, Pablo Díez, quien desde Vegaquemada había inaugurado el siglo en México poniendo los cimientos de lo que luego sería un auténtico imperio empresarial. De aquel primer indiano heredó un negocio floreciente, pero también el legado de una obra y un empeño que ahora, a sus 87 años, sigue luchando por dejar cumplido. Pablo Díez (Vegaquemada, 1884-México, 1972), se había formado en España con los dominicos y emigró a México con sólo 21 años. Desde un trabajo en una panadería se inició en el mundo empresarial hasta crear la Cervecería Modelo, y tomar parte en la creación de empresas eléctricas, de cartón, vidrio, malta,... La labor social estuvo siempre ligada a lo que más tarde sería el Grupo Modelo: guarderías, hospitales, escuelas, asilos,... Ni León ni aquellos dominicos con los que aprendió sus primeras letras fueron ajenos a esta obra. Hombre profundamente católico, financió la construcción de la iglesia de La Virgen del Camino y el colegio anejo, entre otras actuaciones. Un camino que a partir de los años cuarenta compartió con Antonino, que desde 1971 preside el grupo. Además de continuar con los negocios de su tío, Fernández entró pronto en el negocio bancario, tanto en México, donde es accionista de Banamex o Accival, entre otras; como en España, donde ocupó durante años un puesto de consejero en el SCH. Sólo una parte de un conglomerado de compañías cuya parte más visible, sólo la venta de Coronita, le reportó el año pasado una facturación de 3.500 millones de euros. A Antonino Fernández, cuya esposa falleció recientemente, no le gusta la prensa. Es un hombre sobrio y rehúye en lo posible las apariciones públicas. En México es prisionero de su fortuna. Ya en 1977 sobrevivió milagrosamente a la herida de una bala durante un intento de secuestro. Ahora dedica sus esfuerzos a continuar la obra de Pablo Díez en favor de la canonización de Isabel la Católica. Un empeño en el que ha invertido también parte de una fortuna difícil de cuantificar. Y a la obra social. La visita de ayer a León es buena prueba de ello.