Diario de León
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ANTONIO CABRERA (PROFESOR DE PRIMARIA DEL COLEGIO ANTONIO GONZÁLEZ DE LAMA)
León

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¿ES POSIBLE educar para la paz? Probablemente éste sea un interrogante muy común entre la comunidad social. Nadie duda que es posible educar para la guerra y la violencia. Es más, es lo que impera en nuestra sociedad. Pero, ¿ y la paz?. ¿ Podemos definirla, representarla, valorizarla, cuantificarla, alcanzarla?. La educación para la paz no debe interpretarse como una tarea dirigida exclusivamente a los niños y niñas. Vivimos un momento histórico en el que lo realmente urgente es educar a los adultos. Son éstos, en definitiva, quienes están decidiendo el presente e hipotecando el futuro a partir de las actuaciones de hoy. Esto presenta una doble dificultad; por un lado, mal podrán educar para la paz quienes forman parte, como conjunto, de unas generaciones que no han sabido encontrar fórmulas pacíficas para resolver los conflictos y presentan, en cambio, unas opciones de defensa que pueden suponer el exterminio de la especie humana. Por otro lado, la tarea de la educación para la paz deberá romper el círculo vicioso de la pasividad que ha surgido de la situación de impotencia frente a los grandes problemas mundiales. El primer problema sólo encontrará vías de solución a partir de un claro compromiso del educador en la superación de las contradicciones que presenta el mismo proceso pedagógico. Lograr un equilibrio entre la propia actuación personal y lo que se predica es condición indispensable para que el contenido de la educación para la paz prospere más allá de la mera formulación individual. El segundo problema, tiene un antídoto: el conocimiento de los procesos de destrucción, puede ayudar a la formación de los procesos de creación. Por ello, como señala Lederach, la educación para fa paz debe plantear y promover la convicción profunda de la gente de que es necesario un cambio de sistema para resolver los conflictos, y el compromiso de trabajar eficazmente para abolir la guerra y su preparación. Así, educar para la paz no es sólo un proyecto pedagógico, sino también un proyecto analítico, crítico y creativo, tanto en la esfera individual como en la social. Educar para la paz no consiste, entonces, en enseñar a dibujar palomitas o en imaginar escenas bucólicas. No hay que confundir la paz con la ñoñería o la ingenuidad. Educar para la paz significa colaborar a que el individuo se libere de todo lo que le impide gozar de las cosas más elementales de la vida, sea debido a fa violencia directa o estructural. Estamos demasiado habituados a concebir la paz en términos negativos, es decir, en considerarla como la ausencia de condiciones no deseadas. Pero hay que acostumbrarse a entender y querer la paz en términos positivos, esto es, a concebirla como la presencia de condiciones y circunstancias anheladas. Hay que dar oportunidades a la ilusión y a la esperanza, pero de forma seria y rigurosa, y de la mano de personas formadas en la crítica y en la autocrítica. Ésta es en suma la meta de la educación para la paz. En conclusión, podemos afirmar que la educación para la paz no es una tarea abstracta e irreal . Debe esforzarse en ser siempre algo muy concreto y palpable. Los problemas, crisis, conflictos y violencias que padecemos hoy en día a nivel mundial nos exigen no sólo una respuesta, sino una responsabilidad y la capacidad de buscar alternativas. En el fondo, esto es una tarea pedagógica. Debe formar parte de nuestra educación, para que las generaciones jóvenes de hoy vislumbren otras posibilidades, y que las futuras tengan una convivencia mejor de la que tenemos ahora. Educar para la paz no es una idea utópica; es realista y responsable en vista a la situación y las necesidades del mundo en que vivimos.

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