Al abrigo de un Seat 127 amarillo
Emilia y Javier, madre e hijo, viven desde hace mes y medio en un coche en un pinar de Ferral después de que les desahuciaran y el Ayuntamiento, dicen, no les haya facilitado un techo

Emilia busca algunas de sus pertenencias que guarda en el maletero
«Ya no puedo más; me duele todo el cuerpo», dice Emilia, una madre de 77 años que, junto con su hijo Javier, de 49, viven día y noche en un Seat 127 en un pinar situado en Ferral del Bernesga desde hace mes y medio. Una situación a la que, aseguran, les ha llevado las circunstancias de la vida. «Dónde vivíamos y donde estamos», recuerda Emilia que guarda en el maletero de su coche tan sólo unas pocas pertenencias de lo que fue su vida y su casa hasta el 2003, año en el que se les paró la vida. Vivían en un piso de alquiler en la calle del Salón, de Trobajo del Camino y fueron desahuciados por no poder hacer frente a la renta, Cuando esto ocurrió se trasladaron a un hostal de la capital leonesa donde estuvieron hasta que el dinero se les acabó. Desde el pasado mes de abril su particular «hogar» se ha trasladado a un pinar donde la cocina es un pequeño camping gas cuyas paredes son varias puertas y el dormitorio para las dos personas es el propio vehículo. Arropados por varias mantas pasan la noche. Confiesan que en algún momento sí han tenido miedo, sobre todo, porque alguien pueda acercarse a robarles lo poco que les queda. En cuanto al aseo, lo hacen cuando el tiempo se lo permite y gracias a un pozo cercano. El desayuno, la comida y la cena apenas la pasan con unas latas. Emilia tiene parkinson y se flagela continuamente con los recuerdos que le llevan a una vida mejor y que le hacen preguntarse «porqué nadie nos ayuda». Hace nueve años que se quedó viuda y cobra una pensión de 400 euros, los únicos ingreso que tienen y que apenas llega para las necesidades básicas y los medicamentos. Él, fue un buen ciclista en sus años jóvenes, ahora está enfermo del estómago y del hígado y debería llevar un régimen severo que no puede cumplir. Un vídeo, varios abrigos, decenas de libros y fotografías son algunos de los enseres que aún conservan en el maletero del Seat 127 amarillo que les cobija cada día. El resto de sus pertenencias, explican, se las han robado de su antiguo domicilio, tal y como consta en las numerosas denuncias que han interpuesto ante la Policía Local de San Andrés. No quieren dinero pero sí un techo. «Nadie nos ayuda, hemos acudido al Ayuntamiento pero no nos hacen caso y no sabemos que hacer», dice Emilia con lágrimas en los ojos que añade que, cuando han acudido a la sede municipal no les han tratado bien. Sus ánimos están bajo mínimos. «De esta ya no salgo», dice Javier. Su día a día comienza con el amanecer, a las siete de la mañana, hora en la que se levantan y desayunan una taza de leche. Después pasan el día por los alrededores hasta que, al filo de las doce de la noche, se van a domir. Él, en el asiento de atrás y ella en los de adelante. Y así un día tras otro. La única familia que tiene Emilia son dos hermanos, de los que dice «no acordarse de mi para nada». Amigos, añora, tenían muchos.