Diario de León

| Reportaje | En busca de pastos |

La patente de la trashumancia

Los rebaños inician el camino a los puertos de montaña desde el sur de la provincia, en un ciclo que se repite cada mes de junio, este año apurado por la falta de lluvias

Cándido Rodríguez, frente al rebaño que lleva hasta Abelgas y que sesteaba ayer cerca de Nistal

Cándido Rodríguez, frente al rebaño que lleva hasta Abelgas y que sesteaba ayer cerca de Nistal

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L. Urdiales - león
León

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En cuatro días caminarán más de cien kilómetros; los pastores, también. Al albergue de las horas más frescas, el alba y media mañana y las seis de la tarde y la puesta del sol, el rebaño de Cándido Rodríguez ha vuelto a las carreteras y veredas para completar la migración que realiza entre el sur o el centro de la provincia y los puertos de montaña. Así cada año; así, como cincuenta mil ovejas que cada junio inician un ciclo que parece esencial en la planificación económica de las explotaciones leonesas de ovino de carne. «Este año, con más razón que nunca», relata el ganadero Cándido Rodríguez mientras señala la hierba que deja atrás para explicar la urgencia de la marcha. «Aquí abajo no queda hierba, casi ni ha salido en abril y en mayo; está todo abrasado por el sol», matiza el pastor, mientras trata de aproximar los cálculos a la cantidad de dinero que perdería si dejara la mayor parte el ganado por el entorno de la majada donde pastorea en invierno y la primavera. Las cuentas que hace Cándido Rodríguez, que tiene una explotación de más de mil ovejas en Palacios de la Valduerna, son similares a las que empujan a la mayor parte de ganaderos de ovino de carne de la provincia a echarse sus rebaños al hombro y recurrir a la solución que patentaron los antepasados. «Si nos quedáramos todo el verano abajo, este oficio resultaría más ruinoso de lo que es; ahora mismo ya tendríamos que echar de comer al ganado en la nave; y eso que los meses más duros del verano aún no han llegado». Trashumar es la salida para estos ganaderos que significan, a pesar de la merma, un porcentaje notable de la actividad económica que se da en el campo leonés y más importante aún entre las casi dos mil explotaciones ovinas censadas en la provincia. La ruta, que está predeterminada de antiguo, se afronta con cálculos casi matemáticos. Las más de mil cabezas de ganado que Cándido Rodríguez conduce desde la Valduerna siguiendo algunos tramos el curso natural del Tuerto harán cuatro noches antes de asomarse a los pastos de Abelgas de Luna, que serán su sustento hasta los últimos días de septiembre; en el celo de precisión que muestra el pastor se han calculado los puntos donde sesteará el ganado, que ha de pasar las horas en las que más aprieta el calor arremolinado bajo una sombra. Así se efectuó el primer descanso del recorrido, en la jornada que abrió el tránsito del llano a la montaña: en un sestil próximo a la localidad de Nistal luego de seis horas de caminata. Por la ley del sol. Acompañan al ganado tres pastores; uno de ellos, propietario también de parte del rebaño y un tercer ayudante, que se bastan para la aqueda de sembrados y huertos que se encuentran mientras caminan hacia Sopeña, después a Ferreras, Soto y Amío y, finalmente, el puerto de destino. No falta un puñado de perros de carea, esenciales en una marcha similar, y otro de mastines. La estampa de la trashumancia se hace cotidiana estos días de junio por los distintos cordeles seculares que se usan para subir el ganado a los pastos de montaña; este año, como se encarga de recordar Cándido Rodríguez, con la razón que le asiste a la falta de lluvia. Pastores que, como los de antes, recurren a las fórmulas de siempre para que las pérdidas del negocio no lleguen a puntos preocupantes. Trashumar es economizar; buscar pasto, huir de la sequía, recuerda Cándido.

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