Diario de León

| Reportaje | La cuenta atrás para el día grande |

Las chispas trajeron el jolgorio

El pregón de Benigno Castro y los fuegos de artificio levantaron la veda para que los bañezanos hagan lo que mejor saben: ponerse la máscara, tergiversar su personalidad y divertirse hasta la co

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Maite Almanza - la bañeza
León

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Los bañezanos tienen permiso desde ayer para morir, si lo desean, de pura juerga. El pregonero del carnaval, el leonés Benigno Castro, presidente de la Sociedad Estatal de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios, abandonó por unas horas la seriedad inherente a su cargo para reclamar lo que ya en alguna ocasión se le había ocurrido al regidor Palazuelo: convertir la ciudad en la capital de la libertad, para practicar el desenfreno, se entiende. Encaramado a uno de los balcones del ayuntamiento, el pregonero dio con el palo del gusto a los bañezanos, a los que espetó: «Por los poderes que nos transmiten cinco mil años de fiesta y disfraz, yo proclamo que este día sea a partir de ahora el día de la libertad». El abogado y periodista retrocedió en la historia del hombre hasta el momento en el que éste adoraba a los elementos de la naturaleza, repasó las formas de diversión de egipcios, griegos, romanos y cristianos, y se detuvo al explicar los intentos del poder por frenar lo irrefrenable. «La historia del carnaval es la historia [...] del deseo humano, fieramente humano, de trascender su papel de diario, de transvertir su rol social, de convertirse en el otro, o en la otra, o en los otros», apuntó. Siguió diciendo que «Reyes y gobiernos, nobles y milicos, licenciados y clérigos se ocuparon de cercenar nuestra libertad, de prohibir máscaras y fiestas, desfiles y bromas», algo en lo que, por lo que respecta a los bañezanos, no tuvieron suerte. Así que, para honrar a estos últimos, gritó: «¡Bañezanas, bañezanos, visitantes todos!.. Descendientes de cigurros, de bedunenses, de astures, de mozábares, de cristianos¿ comamos y bebamos y cantemos y holguemos bajo la bandera de nuestra nueva nación: La Bañeza, capital de la libertad». Los fuegos de artificio de la Noche de Chispas y el ansia de diversión alentado por las charangas hicieron el resto. El pregón carnavalero, que abrió la puerta a tres días que, si el tiempo lo permite, serán inolvidables, estuvo precedido por la cena de exaltación del carnaval. En torno a un prolijo menú, autoridades y ciudadanos, muchos de ellos irreconocibles bajo el disfraz, se confabularon para lograr que, este año, la ciudad sea de nuevo referencia nacional del jolgorio. Claro que antes el ganador del concurso del cartel anunciador de esta fiesta, el leonés José Manuel García , recibió su premio de 750 euros. Por cierto: la delegación de la ciudad francesa de Gennevilliers fue también hermana en lo de correr el carnaval.

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