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Ana María Norreciclista Suárez

(León)
Ana María Norreciclista Suárez se levantó como cualquier otro mañana con la luz del amanecer reflejada en los párpados, era una persona normal de nuestro siglo, práctica, efectiva. Descorrió las cortinas y pudo observar la nieve que caía tras los cristales, desde su casa, abrigada tan sólo con una camiseta, podía observar el parque, con las hojas heladas, los columpios cubiertos de nieve; abrió su ventana para que entrase un poco del frescor exterior, mientras su calefacción derretía los muros con sus buenos 25º C. Le gustaba esa sensación, así se sentía poderosa, protegida al estar refugiada en el calor de su hogar, ese día, como tantos otros, Ana María se levantó sudando; corrió al frigorífico y tomó un zumo envasado para poder refrescarse. Aquella mañana era como cualquier otro martes más, tomó el zumo, tiró el envase al cubo de basura y acudió al baño a abrir el grifo del agua caliente, a Ana María le gustaban los baños muy vaporosos. Mientras se caldeaba el baño se preparó el desayuno, tomó un tetra-brick de leche y llenó el vaso. Abrió un nuevo paquete de panecillos y tomando tres, desechó los tres envoltorios individuales. -»Nueves panecillos, ideales para que los niños los lleven al recreo»- decía el anuncio. Ana María aún no tenía hijos, pero como ya hemos dicho era una persona muy práctica. Calentó el café en el microondas y encendió la luz de la cocina para poder untar convenientemente los panecillos con porciones individuales de mermelada. Entretanto sonó el teléfono, -»Será Óscar»- pensó Ana María y salió corriendo al recibidor, donde se hallaba el aparato, dejando a su paso las luces encendidas. -»Cariño -decía Óscar- te paso a buscar en media hora»-. Ana María colgó el teléfono y se dirigió a la cocina bailoteando por el pasillo. Óscar era su novio y Ana María le había pedido que la llevase a la oficina, ya que su coche estaba por unos días en el taller. Justo debajo de la casa de Ana María paraba el autobús número 15-B que la llevaba hasta la puerta misma del trabajo, pero a ella no le gustaba la incomodidad del autobús, le molestaban los ajetreos, y tener que hacer cola para sacar el billete, porque como ya hemos dicho anteriormente Ana María era una chica muy práctica. En esto Ana María recordó que tenía el grifo abierto, corrió hacia el baño y al abrir la puerta una vaharada de vapor inundó el resto de la casa. El suelo estaba mojado y es que el agua ya se salía por la bañera, sacó el tapón y la vació. Mientras se daba una ducha rápida, escuchaba su cisterna que continuamente se estaba llenando. - «Tengo que cambiar la cisterna -pensaba- me han dicho que es una pérdida de agua, y además con este ruido insoportable casi no se puede dormir». Tras secarse y vestirse, se dirigió a la cocina y tuvo que recalentar el café que se había preparado. Todavía le quedaba un cuarto de hora, así que se fue al salón a ver la televisión mientras desayunaba sentada en el sofá. Empezó haciendo «zapping» y se quedó escuchando un canal de documentales, nunca ponía esa cadena, pero esa mañana algo la atraía inexorablemente, quizá eran las duras palabras del comentarista amortiguadas por sus frescas y jóvenes facciones. -«Querido teleespectador, ¿sabía que con un grifo abierto en menos de un minuto se pueden ir por el desagüe más de quince litros? ¿Qué con una simple y corta ducha se gastan cincuenta litros de agua? ¿Qué sólo en España se producen más de 12,5 toneladas de basura al año? ¿Qué los vehículos de utilización privada son los responsables del 98% de las emisiones de CO2? Esta es una realidad espeluznante, ya que en un futuro las presentes guerras territoriales serán transformadas en guerras por el agua, que estará en su mayoría contaminada por los vertidos. ¿Sabían ustedes que con cada tonelada de papel reciclado se evita la tala de unos catorce árboles y el gasto de unos cincuenta mil litros de agua y unos trescientos kilogramos de petróleo? ¿Sabía usted que si reciclásemos y separásemos las basuras libraríamos a unos treinta millones de árboles al año? ¿Sabe que cada semana veinte especies son extinguidas» ¿Qué si la temperatura de las casas se bajase un solo grado se ahorraría el 7% del combustible? ¿Sabía que todo esto no nos lleva más que a nuestra propia autodestrucción y que en un futuro estaremos ahogados entre basuras mientras con estertores de muerte pedimos una imposible agua limpia, para atenuar nuestra sed»? No, Ana María, de todo esto, no sabía nada.