Diario de León

Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica 1994

«No voy a donar mi vacuna, pero será prácticamente gratis»

El investigador colombiano presentará el miércoles en la Universidad su nueva vacuna contra la malaria, que según asegura tendrá una eficacia del 90%

Manuel Elkin Patarroyo, el inventor de la primera vacuna sintética para prevenir la malaria

Manuel Elkin Patarroyo, el inventor de la primera vacuna sintética para prevenir la malaria

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Elena Fernández - león
León

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El investigador colombiano Manuel Elkin Patarroyo (1946), inventor de la primera vacuna sintética para prevenir la malaria, visita el miércoles León invitado por la Clínica San Francisco y dará a conocer los avances en un trabajo que a principios del 2009 espera culminar con la presentación de un preparado que alcance una eficacia de un 90% en la lucha contra esa enfermedad. Ajeno a las críticas que, asegura le han acompañado desde pequeño, se mantiene firme en su propósito de culminar un camino que recorre, en compañía de su familia y su equipo de trabajo, con el objetivo inalterable de resolver problemas y enfermedades. -¿En qué momento se encuentran sus investigaciones? ­-La primera vacuna que nosotros desarrollamos hace 20 años en marzo del 2007, presentó una eficacia del 35 por ciento, con lo cual ese porcentaje de las personas que se vacunaron quedaron protegidas contra esa enfermedad. Desde esa época nos hemos dedicado a buscar qué era lo que nos hacía falta. Se encontró que el parásito utiliza cerca de 60 proteínas para invadir los glóbulos rojos y nos dedicamos a ello. Luego nos fuimos al Amazonas a vacunar monos, que tienen un sistema de defensa prácticamente igual al de los humanos, razón por la cual los resultados que podemos obtener de ellos son prácticamente extrapolables al ser humano. En esas estamos, ya hemos encontrado la gran mayoría de las proteínas y estamos pinchando monos como Dios manda. -Ha lanzado el compromiso de entregar una vacuna contra la malaria eficaz al 90% en el año 2008. ¿Cómo van los plazos? -Sí, sí, nosotros estamos comprometidos absolutamente y entre el 2008 y principios del 2009, estaremos entregando una vacuna ya funcionando a nivel de seres humanos. Estamos acelerados enormemente, tratando justamente de cumplir con esa meta. El demorarnos significan vidas, significa enfermedad, problemas para la humanidad y nosotros queremos ayudar rápidamente en la solución de ese problema. -Cuando consiga la nueva vacuna, ¿la donará a la OMS como hizo con la anterior? -En esta oportunidad no. No me arrepiento de lo hecho, pude haber pecado un poco de Quijote, de idealista y de tonto tal vez. Lo hice con la mejor voluntad, pero no se hizo nada con ella con el pretexto de que la eficacia era sólo del 35%. Razones que no quiero citar, pero que involucraron entre otras cosas muchos intereses económicos. Esta vez queremos crear una especie de consorcio de los países para que se pueda producir y distribuir a precio de coste. Como son vacunas químicas el coste es bajo y podremos así, a través de fundaciones o de oenegés, distribuirla prácticamente gratis, por no decir que gratis en los países en vías de desarrollo. Si no se me hubiera ocurrido esa idea quijotesca, altruista, un tanto idealista y tonta de donarla a la humanidad a través de la Organización Mundial de la Salud, mucha gente ya estaría vacunada. Pero eso es pasado, y a mí me han enseñado que el pasado debe de enseñarle a uno sus lecciones como para no volver a repetirlas. -Usted acusó a las multinacionales farmacéuticas de no avanzar en algunas investigaciones por intereses económicos. ¿Vislumbra algún cambio en ese panorama? -Respecto a sus actitudes, allá ellos con su conciencia. Lo que es cierto es que nosotros vamos por otro camino, por un camino que impone la solidaridad con respecto a los individuos independientemente de su posición económica -que limita mucho el acceso a los fármacos y vacunas-, política, social o lingüística. Nosotros vamos muy bien, a nuestro aire, con el apoyo del pueblo de Colombia, el apoyo de España y yo no critico la manera de pensar y de actuar de ellos. Recalco, allá ellos con su conciencia. -¿Cómo ve el fenómeno de la inmigración? -El mundo va a tener que mirar mucho más a los países en vías de desarrollo. Si no, se les vuelve un boomerang. Algunos de los inmigrantes que llegan a Canarias quieren quedarse en España, otros están en camino a los países francófonos, ya que la mayoría de ellos provienen de países por los que su tendencia sería irse hacia Francia o Bélgica. Pienso que ese problema, si no se pone en él buena atención, puede terminar siendo un boomerang enormemente grande. Lo que toca es atacar y resolver el problema in situ. Que las personas tengan mejores posibilidades y condiciones de vida en sus propios países de origen, para que no estén anhelando irse a otros lugares donde les toca una vida menos dura pero de todas formas dura, puesto que siempre son extranjeros en una tierra que no es la propia. Pienso que sí debemos pensar mucho más solidariamente, apoyando desde su sitio, ayudando al desarrollo de los países en vías de desarrollo para que no tengan que emigrar. -En alguna ocasión ha lamentado la poca implicación de los políticos en la investigación científica. ¿A qué atribuye esa desidia? -Los científicos no nos preocupamos por ellos en esencia y los políticos pues tampoco se preocupan mucho por la ciencia. Lo que falta es una interlocución legítima. Yo he sistemáticamente insistido en que se debe desarrollar enormemente la ciencia. A la velocidad que está yendo el conocimiento científico hoy en día, las grandes empresas necesitan que les hagan la traducción de ese conocimiento científico. En Estados Unidos más del 50% de las empresas tienen doctores en física, química, matemáticas, etcétera, que ayudan a la gerencia a tomar las decisiones apropiadas. Lo mismo debe suceder acá con los políticos, debería haber gente que les ayudara, como acontece allí. El Comité de Ciencia de los Estados Unidos apoya a todos los políticos, sean demócratas o republicanos para que ellos hagan los debates en la forma más apropiada. Desafortunadamente, eso no sucede en nuestros países. -¿Qué puesto ocupa España en investigación científica? -Para mí ha sido una sorpresa positiva enormemente grande el ver el desarrollo científico y tecnológico que ha tenido en los últimos 20 o 25 años, que ha sido espectacular. No está como decimos coloquialmente para llegar a Marte en el primer tortazo, pero sí ya hay una buena serie de investigadores científicos de primerísimo nivel y unos grupos muy sólidos bien consolidados en el ranking de los principales países europeos sin llegar a duda. -¿Hay algún premio al que todavía aspire? -Yo nunca, jamás he perseguido los premios. El único que de verdad quise yo y anhelé fue el Premio Príncipe de Asturias, por el reconocimiento de los de casa, de los míos, de Iberoamérica. Me han llovido cantidad que premios de todas partes del mundo, que lo único que hacen es comprometerme cada vez más y más fuertemente en este proyecto de resolver los problemas para el bienestar de la humanidad. En Valladolid, por ejemplo, me dieron el Doctorado Honoris Causa en 2001 y para mí es un honor volver de nuevo a esta Universidad y estar allí con la gente que tanto me honró. -¿Qué consejo le da a los jóvenes interesados en dedicarse a la investigación? -Les diría que sueñen. Es absolutamente legítimo soñar, tener un proyecto de vida, una meta, un objetivo, un propósito, cualquiera que sea. Todos son legítimos mientras con ello uno no dañe a nadie y esa es la única limitación que puede tener: el daño a otra. También, otra sugerencia respetuosa sería que trabajen todos los días por ese sueño, que es lo único que les queda, la satisfacción de haber luchado por ello. Y si usted involucra en su sueño el trabajo y el bienestar de los semejantes, el éxito está a la vuelta de la esquina.

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