Objetivos del milenio a escala Benín
Dos misioneras argentinas relatan el avance de los mokolé con el proyecto «capilla, pozo y huerto», mientras el país, uno de los 40 más pobres, sufre el retraso del plan del milenio
Benín está entre los cuarenta países del mundo que más lejos están de alcanzar los objetivos del milenio para el 2015. Esta faja de territorio de África Occidental que se baña al mediodía en el Atlántico y se ensancha por el norte, en la desértica sabana, es uno de los cuarenta países más pobres del mundo. Los objetivos del milenio son ocho, fueron aprobados por 189 países en la asamblea de Naciones Unidas en el año 2000 y, hoy por hoy, «el compromiso no se está cumpliendo», recuerda Jóvenes del Tercer Mundo. En Benín, cada persona vive con menos de 450 euros al año. La esperanza de vida de los 8,5 millones de habitantes apenas supera los 53 años; casi la mitad de los hombres son analfabetos, tasa que en las mujeres alcanza el 74%, y más del 50% de la población vive en zonas rurales. El país, que parece muy pequeño visto desde Europa, ocupa un territorio de más de 120.000 kilómetros cuadrados. La bioquímica Liliana Vacaflor y la maestra Cecilia Noriega llegaron hace dos años a Kandi, a setecientos kilómetros de la capital de Benín, Porto Novo, siguiendo desde Córdoba (Argentina) el rastro de un proyecto carismático fundado por el salesiano Antonio Gutiérrez y cuyos pilares son una capilla, un pozo y unos huertos cooperativos por cada poblado mokolé. 1 Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Nadie había logrado traspasar las fronteras interiores de esta etnia minoritaria hasta que hace una década, el salesiano Antonio Gutiérrez comenzó su labor pastoral y puso los cimientos de un proyecto que además de fe, propaga el cultivo del maíz y la soja como fuente de alimento frente a los bajos precios y los retrasos en el cobro del tradicional monocultivo del algodón. Los huertos se trabajan en la época seca y florecen, cada con más semillas, gracias al agua de los pozos. «En los huertos se reúnen y trabajan cooperativamente, y además de un beneficio económico obtienen el enriquecimiento de su dieta», explican las misioneras. El objetivo uno de la Declaración del Milenio es erradicar la pobreza extrema y el hambre. 2 Lograr la enseñanza primaria universal. Las misioneras trabajan codo con codo con la comunidad salesiana de Kandi. Al lado de la capilla y el pozo también hay una escuela y han visto sudar a «muchachotes» que «aprenden a leer con la palabra de Dios después de largas y duras jornadas de trabajo. 3 Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer. En Kandi, «la realidad de la mujer es bastante difícil, trabajan de sol a sol para buscar agua, leña, comida y cultivar el campo y si su hijo enferma son ellas las que tienen que pagar por curarlo; los hijos son de la mujer para los gastos y del marido cuando pueden trabajar», relatan. Así de grandes son las diferencias en Benín. Cecilia y Liliana relatan como una de las estampas más hermosas de su experiencia en Benín «ver cómo les tiemblan las manos a las mujeres cuando cogen por primera vez un lápiz y descubren emocionadas que pueden escribir una letra de su nombre». Son las que participan en un programa de alfabetización que se desarrolla tres meses al año (en la estación seca) durante tres años. 4 Reducir la mortalidad infantil. Las misiones trabajan también con un proyecto de Cáritas para seguimiento y control nutricional a 500 niños y niñas. En el dispensario han visto a niños de más de un año que apenas llegan a los cinco kilos de peso. «Esto suele ocurrir cuando la madre espera otro hijo o acaba de tener otro y lo está amamantado», añaden. A veces no quieren llevar a sus hijos al programa: «Si se queda aquí es para morir», les advierten. Cuando, pasado el tiempo, llegan a la consulta y la gráfica del peso está en verde la alegría es triunfal. 5 Mejorar la salud materna. Acceder a las mujeres a través de sus hijos e hijas ha sido un gran paso entre las comunidades mokolé. Se promueve el cuidado de su propia salud durante el embarazo y el parto, pero «a veces van tarde al hospital y eso acarrea problemas para ellas y para sus bebés», señalan las misioneras. Cambiar sus hábitos es una tarea ardua y difícil, pero a través de los hijos es más fácil. Les ocurrió con las demostraciones culinarias para que enriquezcan platos habituales con leche, moringa (semilla autóctona abundante) o soja. «Se negaban a dar soja porque decían que no les gustaría a los niños, pero los que empezaron de pequeños a tomarla ahora no quieren la comida sin la soja». 6 Combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades. En Benín existen planes nacionales de lucha contra la tuberculosis, el VIH/sida y el paludismo, pero en la práctica faltan los alimentos para hacer viable el tratamiento para de la tuberculosis y en los próximos seis meses no habrá medicamentos para los enfermos de sidad, ni mucho menos alimentos porque nadie ha previsto cubrir el vacío temporal de la oenegé que finalizó su programa y conseguir mosquiteros, una medida preventia básica con la que evitar la picadura de los mosquitos que transmiten el dengue, es «muy difícil». «Se deberían vender a un precio y por la corrupción gubernamental» son inalcanzables para la población, certifican las misioneras. 7 Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. No se puede decir que Benín sea de los países más responsables del cambio climático, pero lo sufre. En la zona norte del país, donde trabajan las misioneras con los mokolé, la amenaza de la desertización del planeta es una realidad. Hay una estación seca que dura seis meses y otra de lluvias que debería durar otro tanto para garantizar las cosechas, pero este año se redujo a la mitad. Conclusión: «Lo van a pasar mal porque viven de lo que siembran». 8 Fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Mientras esto sucede, las misioneras han llevado hasta Córdoba (Argentina) y a León (España) las semillas de su trabajo en Benín. En su diócesis se forman ya quince personas, seglares como ellas, para darles el relevo en próximos años.