Diario de León

La raza de burro zamorano-leonés supera ya el millar de ejemplares

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Cuando el consumidor narcotizado con la avalancha diaria informativa oye hablar de animales en extinción piensa en grandes felinos de las llanuras del Serenguetti y del golfo de Bengala, en algún cetáceo o en esa pequeña ave acuática que habita a orillas del río Orinoco. Por lo que se refiere a los amantes españoles de la naturaleza, quedan remitidos de inmediato a especies como el lince ibérico, el quebrantahuesos, el lobo o el urogallo cantábrico, entre otros. El dato que no ha llegado a calar de verdad en la opinión pública es el peligro manifiesto en el que se ha encontrado el asno de raza zamorano-leonés, en situación crítica hace sólo algunos años, y que parece recuperarse con lentitud pero de un modo firme. En España hay tres razas de burros de grandes dimensiones: la catalana, la andaluza y la zamorana-leonesa. Son animales que se usaban no hace demasiados años para cubrir yeguas con el fin de producir mulas, de manera que se buscaban por selección animales especialmente altos, no en vano ese cruce daba lugar a équidos con una fortaleza extraordinaria y una gran docilidad. «Son muy fuertes, tienen mucho hueso y lana, que es lo más peculiar de esta raza porque les cuelga por los costados, las quijadas y las orejas y, cuanta más lana tengan, más grande sean y más fuertes, son mejores», explica con pasión Víctor Casas, biólogo y responsable de La Casa de los Arribes, en la localidad zamorana de Fornillos de Fermoselle. «Nacen negros pero con el sol se les va decolorando la lana y se van poniendo cada vez más rubios. Son de carácter muy tranquilo. Estuvo en peligro hace unos cuantos años porque la gente que los usaba para labrar el campo buscaba animales con más nervio, así que se cruzaban mucho con animales más pequeños buscando mayor ligereza, porque estos son muy pausados», añade. 1.100 ejemplares Una vez superada la situación crítica y completado el tránsito al peligro de extinción, el trabajo continúa, aunque con la sensación de angustia atenuada por el éxito de la cría. Toda la población está catalogada e inventariada y cada ejemplar tiene implantado un microchip para su reconocimiento y el acceso inmediato a su ficha de valoración. Ahora la raza está reconocida, cuenta con su libro genealógico y se ha divulgado intensamente a través de ferias. El trabajo desarrollado desde hace más de una década por la Asociación de Criadores de la Raza Zamorana-Leonesa (Aszal) ha sido determinante para salvar esta especie, que ya cuenta en el libro genealógico que supervisa la Junta de Castilla y León con 1.100 ejemplares inscritos, de los que 400 son hembras fértiles. El ritmo de reproducción ronda las 125 crías al año aunque se pretende incrementarlo todavía más y, para ello, hacen falta otras 250 burras en período reproductivo. «Las administraciones y la propia sociedad reconocen que es una especie que hay que preservar y que tiene perspectivas de futuro interesantes como un animal de compañía y de ocio para turismo rural», enumera Jesús de Gabriel, presidente de Aszal.

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