Vivir un año de erasmus es una experiencia que nunca se olvida

Italia es uno de los destinos preferidos por los erasmus españoles
«Decidido, el curso que viene me voy de Erasmus». Este es el primer paso de todos los universitarios que deciden cursar un año en Europa. Luego, papeles, examen de idiomas, preparar las maletas y despedirte de tus amigos y tus padres. Y por fin, rumbo a tu nueva país de acogida. Ninguno de los que han vivido esta experiencia olvidarán cuando el avión aterrizo y cargado de maletas se encuentra con que no entiende nada de lo que dicen a su alrededor y piensa «¿pero nadie habla español o qué pasa? Quiero volver a mi casa». El siguiente paso es buscar casa. Una tarea complicada en grandes ciudades europeas donde los precios de las viviendas son desorbitadas. Pero por fin encuentra casa, aunque la única alternativa es con españoles por lo que el idioma no será su fuerte. Luego tu primer día de clase, sin conocer a nadie y lo peor de todo, sin entender al profesor. Por suerte y con el lenguaje de señas que también domina, consigue explicarle al profesor que es extranjero y que no puede estudiar tanto como el resto de sus compañeros. Al final siempre le echan una mano y con suerte regresa a España con todas aprobadas. Pero sin duda el mejor recuerdo de estos aventureros son las conocidas fiestas Erasmus, donde italianos, españoles, ingleses o franceses, entre otros, se juntan con un único objetivo: disfrutar al máximo. Un año inolvidable que para desgracia de muchos se pasa volando. Cuándo se quieren dar cuenta, es junio y ya no les queda nada. Y por un instantes se las mentes de estos jóvenes se invaden de una sucesiva cadena de imágenes con todos lo buenos recuerdos que les ha dejado este año. Gente que por unos instantes han pasado ha formar parte de sus vidas y que por muy dura que parezca, no volverán a ver. Pero todos regresan a España igual que marcharon, con lágrimas en los ojos. Y siempre que pueden, animando a sus amigos que revivan su experiencia.