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Las lluvias apagan la sed del Esla
El pantano de Riaño recibe cada segundo más de 70 metros cúbicos de agua y aumenta sus reservas hasta garantizar todos los cultivos dependientes en León
La máquina que cuenta el agua en Riaño está de nuevo en marcha. Al Esla le faltará tiempo para recuperarse de la sequía porque, hoy, de recursos hídricos va sobrado. En la presa del Esla entran más de 70 metros cúbicos por segundo (para comparar, por el Bernesga en León cruzaban el pasado viernes a mediodía 50 m3 por segundo) un caudal que explica que a las reservas de este río leonés se hayan sumado más de 40 millones de metros cúbicos sólo en una semana. Y se anuncian aún tiempo mejores. Las precipitaciones previstas a partir del próximo jueves pueden incluso minimizar el efecto de los más de 120 litros por metro cuadrado que han descargado las últimas borrascas sobre la montaña oriental leonesa. Los cultivadores pueden hacer cuentas utópicas hace sólo quince días, cuando ventilaron con la CHD a cara de perro y regañadientes el reparto del agua para el riego. El primer beneficio se apreciará en el calendario de desembalse, que no será preciso acometer para dar agua a los riegos prematuros. El cauce del Esla, creciente río abajo conforme recibe los caudales de afluentes agraciado por las precipitaciones de abril, bastará para dar cobertura a esa demanda. «Para todos los cultivos. Ahora es posible planificar seis riegos, espaciados en doce días», celebra el presidente de la comunidad de regantes de la margen izquierda del Porma, que incide en el matiz de no recurrir a desembalses para soportar la labor del campo en estas semanas de primavera, decisivas para el desarrollo inicial de los cultivos. «Se carga agua directamente del río, con lo que las reservas se acumulan para más adelante». La CHD, que prometió a los regantes leoneses incrementar las partidas de agua de forma proporcional a la optimización de reservas, va a tener la oportunidad de cumplir su promesa. De momento, las circunstancias para embalsar no se repetían desde el otoño del 2006: al Luna, al que le cuesta llegar al 50% de su capacidad, entran 27 metros cúbicos por segundo; y al Porma, 28 metros cúbicos. No salen más de 2,5. Aunque tarde también, la lluvia ha abierto una puerta de esperanza para los agricultores que cultivan sesenta mil hectáreas en el sistema del Luna.