Diario de León
Publicado por
ENRIQUE CIMAS
León

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SON, POR SI MISMOS, la definición más adecuada para expresar barbarie; se integran en la nómina de los traficantes en perturbación de paz, física o anímica, para soliviantar al prójimo. De entre ellos salen los que van los sábados de madrugada conduciendo su coche por la autovía, en dirección contraria, para desfogar no se qué instintos y ganar no se qué apuestas. Son déspotas en las barras de los bares y con las chicas sin pareja; la contraflor y la contranata de una sociedad que esconde la vista para ignorar la existencia del subgrupo humano que ella misma ha generado. Son, por otra parte, menguados intérpretes del existencialismo fugacista de Jean Paul Sartre («¡gocemos hoy!»), pero solamente sucedáneos de aquel estilo controvertido e ingeniosillo de las cavas de Saint Germain, con sus «tristesses» a lo Françoise Sagan. No, aquí, nada de arte, ni de chispa sugerente, o de imaginación despervertida. Solo y únicamente lo feo y lo vitriólico. Solo hazañas tales como el asalto a cabinas telefónicas, al mobiliario urbano, y todo lo que se ponga por delante. Un fecundo e inteligente dramaturgo español dijo que »las personas inteligentes y prácticas hacen el mal que les conviene; pero Dios nos libre de las personas de pocos alcances que hacen el mal, aunque no les convenga»¿ En la madrugada de un día todavía reciente, personas desconocidas (y van diez asaltos nocturnos, de Navidad para acá) destrozaron la puerta de la parroquia de Santo Toribio, entraron en la capilla y robaron el sagrario que guardaba el Corpus Christi, en unas formas transustanciadas -por amor a nosotros- a partir del Jueves de la Pasión; formas eucarísticas contenidas en un vaso sagrado, copón más bien modesto, que hacía guiños -es un decir- a la cuna de paja del Portal de Belén. ¿Qui prodest?, quién pretende beneficiarse?. Tal vez un comprador de objetos robados?; acaso algún mercahifle de pretendidos conocimientos artísticos?, una juerga de noche sabatina rematada con el asalto a una iglesia, con nocturnidad y alevosía? ¿Al final, frío en el cuerpo, embotamiento en la mente y¿ casi nada en el bolsillo. ¿Cuánto se ha sacado en la proeza?, ¿doscientos, trescientos euros? ¡Y para eso, se atenta contra la Eucaristía, contra el espíritu y las creencias de los hijos de Dios!; se entristece a mucha gente y se descomponen las esperanzas en un mundo mejor. Porque pretender la destrucción del Sumo Hacedor -a lo peor en algún aquelarre satánico, ¿irán por ahí los tiros?...-, destruir a Cristo/Dios, repito, no ha sido posible en los siglos de los siglos. Además, en la ocasión en que los deicidas creyeron que ello ocurriría allí, en la culminación del drama del Gólgota..., tampoco funcionó. Porque, y volvemos a las razones de amor, cuando el Señor cumplió nuestra redención y dio por concluida su misión en la Tierra, ¡resucitó!.. Decididamente, eso de matar a Dios, no da resultado. De todos modos, ya sé cuál ha sido el provecho de los asaltantes a la casa del Señor. Sencillamente Él los ha perdonado, les perdonó desde el comienzo de los tiempos. Y nosotros, que nos llamamos cristianos, tenemos igualmente que perdonar a estos pobrecillos de la querida familia humana.

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