Temor a que se abran abandonos en cadena
Río dio el primer paso en la última crisis de las entregas de leche que pusieron contra las cuerdas al sector lácteo leonés la pasada primavera. La réplica fue inmediata. Otras compañías se sumaron a esta estrategia. La medida de acaba de retomar Leite Río, la liquidación unilateral de la relación con los ganaderos leoneses abre una secuencia de resultado impredecible: el problema individual de la decenas de ganaderos que vuelven a quedarse sin comprador se vuelve exponencial si se traslada al colectivo. Van a quedar 50.000 litros diarios sin destino industrial; 50.000 litros que van a buscar comprador, 50.000 litros que van a debilitar más la posición del productor ante las industrias, que aprovecharán la holgura de la oferta para tratar de justificar otra rebaja en los precios. La secuencia del efecto dominó está abierta. Al final de la cadena, el eslabón más débil: las granjas lácteas leonesas, alejadas de los centros de transformación, en clara desventaja con los productores asturianos, gallegos o cántabros: «En caso de exceso de leche «¿cómo van a gastar dinero en mandar camiones a por leche a León si la tienen a pocos kilómetros de las fábricas?», analizaba ayer tarde uno de los productores abandonados por Río en mayo.