| Reportaje | Jornadas de cetrería del norte de España |
La virtud del rey Aurelio
El legendario cetrero que domesticó águilas para la serie El Hombre y la Tierra o amaestró a la graja de los Santos Inocentes recibió un homenaje póstumo en las jornadas de cetrería

Suelta de una presa desde un puesto de un campo de vuelo
Hay recuerdos en la memoria de una generación de españoles que serían imposibles sin un cetrero de por medio; un cetrero como Aurelio Pérez, que casi le puso en las garras del águila la cabra montesa, desprendida de un risco, una imagen que luego fue cabecera de programa de la irrepetible serie televisiva El Hombre y la Tierra; imposible hubiera sido una adaptación fiel al cine de Los Santos Inocentes, tan bien ajustada por Francisco Rabal en el papel de Azarías, al que atendía la milana «Milana, milana, bonica» si a la graja no le hubiera enseñado normas de urbanidad el cetrero Aurelio Pérez, cuya memoria salió a colación en la mayor parte del programa de las jornadas internacionales de cetrería del norte de España, que se celebran desde el sábado en La Virgen del Camino. Dos homenajes in memoriam, en los que participaron sus hijas que, en un abarrotado salón del pueblo de La Virgen del Camino, recogieron emocionadas el reconocimiento de los cetreros procedentes de todos los puntos de España y de varios del mundo a la memoria del maestro naturalista. Se repitió el gesto en el campo de vuelo, con la colaboración de un halcón, que portó un cascabel delegado por el colectivo cetrero. Miles de personas siguieron ayer la segunda jornada del encuentro de cetrería del norte de España, que amplía la oferta con la feria de cetrería y actividades de difusión del arte de amaestrar un ave rapaz. Los asistentes, que dejaron pequeños los graderíos asentados frente al campo de vuelo, se dieron el gusto de reeditar una afición que fue sólo capricho y privilegio de los reyes: cómo el azor acosaba al faisán, cómo el halcón hacía un picado para reducir a la paloma. Aficiones de la nobleza, privilegio de reyes, que luego fomentó Aurelio Pérez, que fue rey para esta causa.