| Reportaje | Retroceso creciente del optimismo |
Indefensos ante el efecto dominó
La desconfianza de los consumidores, uno de los obstáculos para la recuperación económica, es similar a la de 1993, cuando la situación del empleo y los precios era mucho peor que ahora

Los leoneses pasaron en los últimos días de la habitual contemplación de los escaparates a la compra
león
Los consumidores están en pleno ciclo pesimista, y sus previsiones para el recién estrenado año no apuntan a una recuperación. Una falta de confianza que, según apuntan los expertos, es uno de los más grandes obstáculos para iniciar la tan ansiada remontada económica. Y eso que, pese a las dificultades, los datos macroeconómicos no se corresponden con el desánimo de los ciudadanos. Según el informe sobre el
el pesimismo está en los mismos niveles de 1993, pero entonces datos como el paro duplicaban los porcentajes actuales.
El caso es que los autores del informe concluyen que hay una «falta de sintonía entre la actual percepción de los ciudadanos y el cuadro macroeconómico del empleo, la inflación y la marcha del PIB». Seis de cada diez ciudadanos cree que la economía ha empeorado en los últimos meses y aún lo hará más en los próximos; y cuatro de cada diez ven cómo su economía familiar está deteriorándose y no mejorará. «Esa falta de confianza no es baladí: es un obstáculo importante para la recuperación económica».
Las causas del pesimismo
El estudio analiza cuáles son las causas de este pesimismo generalizado, y dónde está el punto que lo diferencia de las vivencias de los ciudadanos en crisis económicas anteriores. «La discrepancia entre un porcentaje importante y creciente de la población y los datos macroeconómicos más difundidos lleva a una reflexión sobre el contexto de la opinión pública».
En opinión de Francisco Alvira y José García, los autores del informe, el principal cambio tiene que ver con la tecnología de los medios de comunicación. En los últimos quince años se ha multiplicado la utilización de ordenadores, lectura de noticias por Internet, emisoras y televisiones, informativos y debates. «El ciudadano recibe muchas más noticias económicas desde más fuentes con distintas orientaciones ideológicas que al principio de los noventa. Este bombardeo de información tiene dos características: las fuentes son muy numerosas y ofrecen valoraciones muy diferentes de las noticias. Y además se mantiene el principio de que las noticias malas prevalecen sobre las buenas, ya que estas últimas no consiguen una alta audiencia».
Así las cosas, «los individuos sobredimensionan las noticias a medida que aumenta la información disponible y les llegan anuncios de cambios transmitidos con distinta intención y objetividad».
A mayores, el concepto de globalización y sus consecuencias añaden más incertidumbre. «El temor al contagio de los problemas económicos de unos países a otros se ha extendido entre el público. Siempre el ciudadano ha percibido una capacidad escasa de respuesta a las decisiones de los gobiernos nacionales, pero ahora siente completa indefensión ante el efecto dominó de los problemas y de las políticas de algunos países sobre la situación económica del propio».
Los ciudadanos asumen que los estados nacionales ya no pueden avalar su bienestar. «Así, un español ahorrador sufre las consecuencias de la desregulación financiera de Estados Unidos, sin capacidad de reacción ni garantía para intervenir indirectamente y cambiar esa situación. No es extraño que sienta más intensamente el agravio y se incline más hacia el pesimismo».
En resumen, los individuos del 2008 son más sensibles a las amenazas económicas que hace quince años porque «disponen de mayor información sobre las amenazas y desconfían de la capacidad de maniobra de los decisores nacionales». Los españoles suman otro problema: «La responsabilidad política repartida entre la administración central, la autonómica y la local. ¿A cuál debe confiar sus problemas?».