Diario de León

El gusto y el disfrute

La cocina sensible se asienta sobre la tierra propia

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León

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La pasión de Carlos D. Cidón (Astorga, 1959) por la cocina nació contemplando entre fogones a su abuelo, por quien sentía un amor del que hacía gala. Embarcó después a su familia en la locura de la alta cocina, que su hermano Jorge ha sabido secundar. Ya con hijos, seguía aprendiendo de los grandes de la cocina vasca, buscando «hacer platos diferentes, pero con criterio, no mezclar por mezclar...». Porque siempre tuvo claro que los platos debían «transmitir emociones».

En 1972 comienza a trabajar en el motel Pradorrey y en el 75 trabaja con Pedro Subijana en el Akelarre. En 1989 abre el Vivaldi en Padre Isla, y cinco años después lo lleva al corazó del Húmedo. En el 2000 abre en su ciudad natal El César, donde inició sus cenas a ciegas. Asesor gastronómico de la Junta, autor de un buen número de libros de cocina, investigador infatigable, delegado de Eurotoques en Castilla y León y comisario de esta organización en el consejo europeo de Bruselas para asuntos de la alimentación; su participación en el cotizado Madridfusión se había hecho imprescindible en los últimos años. En el 2004 le concedieron la única estrella Michelín de la provincia, y su restaurante cuenta también con dos soles de la Guía Campsa.

Emprendió una nueva aventura con el restaurante del Musac, ahora en manos de su hijo Noé. Y llevó su cocina por todo el mundo, de Nueva York a Londres, Puerto Rico, París, Río de Janeiro,... «Las palabras y la gastronomía son las raíces que nos atan a nuestra tierra» era el lema del que le gustaba presumir.

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