Diario de León

José Vega Garrido | PRESIDENTE DE INCOSA Y DE EMPRESA FAMILIAR

«Las empresas han hecho sus deberes de adaptación»

María Jesús Muñiz Prieto
León

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—El CEL reconoce una trayectoria de 25 años, en un momento especialmente complicado para las empresas. ¿Cuál ha sido la clave de su éxito?

—Una apuesta clara por una empresa competitiva en un sector que evoluciona muy rápido; y buscar nichos de actividad con mayor valor añadido. Vendemos el conocimiento de nuestros técnicos, somos 400 personas entre España e Iberoamérica, y el 70% son titulados universitarios. Esto nos ha servido pasar en 25 años de controlar unas calles en Ponferrada a participar ahora mismo en el diseño de la alta velocidad, el portuario y aeroportuario en España y Sudamérica.

—Es adelantarse 25 años a lo que se propone ahora como la fórmula del nuevo modelo económico para salir de la crisis.

—Hay aspectos que son válidos para cualquier modelo productivo: la apuesta por la innovación, por la competitividad, y buscar cada día los nichos que aporten el mayor valor añadido a tu actividad. Por eso es un modelo de futuro, no es sencillo, es la apuesta y el esfuerzo de muchas personas. Incosa tiene una columna vertebral de unas 25 personas, sobre cuyas espaldas recae toda la responsabilidad de las diferentes áreas; y nos esforzamos en fidelizarlas, en su mayor parte se han formado desde el principio en la empresa. Nosotros vendemos los conocimientos de nuestros técnicos, y debemos estar a la vanguardia de lo que nos exigen nuestros clientes.

—En este cuarto de siglo, ¿en qué han cambiado las oportunidades que tienen las pymes para salir de León hacia los mercados internacionales?

—Sobre todo en tres aspectos, uno de ellos la globalización de los mercados. No puedes estar al margen de esa apertura. También de la formación de los técnicos, de nuestros recursos humanos, cada vez mejor preparados, con más medios para poder acceder a esos mercados. Y por último, las ayudas de diferentes administraciones. En este caso destaca la gran apuesta de la Junta de Castilla y León, con Excal, ADEuropa, etc.; para apoyar esa implantación internacional de las empresas.

—Esta crisis se está traduciendo en multimillonarias ayudas para los grandes sectores económicos, ¿llega algo a las pymes, o están quedando fuera de las medidas para superar los apuros?

—Está costando mucho trabajo que esas ayudas lleguen a las pymes. A las empresas nos gustaría que la ayuda financiera llegara con mucha más agilidad, y esto tiene mucho que ver con estas ayudas. Reconozco que las entidades financieras tienen sus problemas, pero las soluciones a las pymes llegan con cuentagotas pese a las iniciativas del ICO, por ejemplo. En cuanto a otras medidas, como el Plan E, se está haciendo, pero en sectores que tienen mucho que ver con la producción de este país, porque la construcción ha sido un sector de tracción total. Se ha notado claramente por ejemplo con qué agilidad y compromiso los ayuntamientos han canalizado todos los trámites administrativos para poner en marcha las obras. Lo cual demuestra que cuando las administraciones quieren, los trámites pueden reducirse a la mínima expresión. En el lado positivo, se ve que las empresas estamos haciendo los deberes de adaptación a la crisis de una manera muy racional.

—Exceso de burocracia, falta de incentivos fiscales,… ¿Siguen siendo los mismos problemas de las pequeñas empresas, o han cambiado en algo?

—Los problemas son los mismos, pero ahora agrandados por la crisis. Hemos pedido tanto a la Junta como al Gobierno un consenso político que con no más de veinte medidas podría solucionar muchas dificultades. Espero que después de las elecciones los políticos reflexionen sobre este gran pacto. No estamos hablando sólo de las empresas, la propia sociedad civil, que hasta ahora ha estado adormecida, no va a tardar nada en plantarse hasta los gobiernos que alcancen un consenso y pacten soluciones.

—Como presidente de Empresa Familiar de Castilla y León insiste usted en que estas pymes tienen un proyecto más sólido porque es a largo plazo y más resistencia a desprenderse de sus empleados. ¿Qué futuro les augura a estas empresas en el escenario que se avecina?

—Todo depende de cómo se planteen la adaptación a la crisis. Es necesario buscar siempre una mayor profesionalización en nuestras empresas. La principal espada de Damocles de las empresas familiares ha sido el proceso transición de una generación a otra, un tercio de las sociedades se quedan en el camino en este proceso. Esto sólo se resuelve con mayor profesionalización y mayor formación. Todos sus valores de largo plazo y defensa del empleo hay que envolverlos en un planteamiento de competitividad, y eso pasa por profesionalizar a las familias y las empresas, por innovar. En esta situación de crisis, aquellas empresas que aprovechen para innovar, profesionalizar sus órganos de dirección y formar mejor a su gente, saldrán en primera línea, serán mucho más competitivas. Las empresas que queden serán más competitivas.

—La empresa familiar ¿debería mirar también a los nuevos sectores productivos, está demasiado anclada en las actividades tradicionales?

—No. El 95% de las empresas españolas son familiares. Nada más lejos que pensar que están en actividades poco competitivas, hay que quitarse la idea de empresa familiar como un matrimonio detrás de un mostrador. Hay empresas competitivas, pequeñas y muy grandes, en todos los sectores productivos. Desde la asociación estamos trabajando para trasladar no sólo a la universidad, sino a los colegios, la ilusión y sobre todo una mayor información sobre lo que es un empresario. Tenemos una mala imagen, pero nuestros jóvenes deben tener una idea clara y saber lo que puede ser para ellos una apuesta empresarial el día de mañana.

—¿Cuáles son en general las causas de las dificultades actuales de las empresas?

—Sobre todo la morosidad, que está echando el cierre a muchas empresas. Hemos pedido a la Junta que trasladara al Gobierno una adaptación de una directiva europea que regula mucho más estrictamente las relaciones entre contratista y proveedor. Quizá la mayor lacra que está teniendo la situación actual es la gran morosidad que se da entre las empresas, no sólo entre administración y empresas.

—¿Se le ve el final?

—La sociedad está aguantando de una manera muy digna la crisis, entre otras cosas porque las economías se van adaptando a las distintas situaciones. Y también porque el colchón familiar está funcionando muy bien. Las empresas se están adaptando, pero los efectos no han acabado ni mucho menos.

—Se impulsa que los desempleados se conviertan en autónomos. ¿El espíritu empresarial puede improvisarse?

—Para nada. No hay que confundir los términos. Ser emprendedor no es tirarse a una piscina vacía. Cuando proponemos que alguien emprenda un negocio tenemos que preocuparnos de si su formación es la adecuada, sino el recorrido de sus proyectos es corto, y lo que propiciamos es fracaso tras fracaso. Lo más importante es formar a la gente.

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