La inmigración no frena la caída
Análisis | carmen tapia
León tenía censados en el año 1999 a 510.610 habitantes, un 2,2% más que los actuales, en los que las cifras del padrón los coloca en los 499.023 habitantes. Esto supone un «descenso marcado», según la primera interpretación del catedrático de Geografía Humana de la Universidad de León, Lorenzo López Trigal, que asegura que tiene que pasar un decenio para valorar estadísticamente la evolución de la población. Pese a que los ciudadanos extranjeros que viven en León suponen el 4,6% de la población, el fenómeno de la inmigración no ha conseguido frenar la caída de la población, «y previsiblemente no podrá hacerlo en los próximos años», afirma Trigal.
«El saldo natural de la población es negativo, con el aumento del envejecimiento, y la llegada de la inmigración no ha podido compensar la pérdida de habitantes», afirma López Trigal que asegura que en León hay una recesión de llegada de inmigrantes y el número de leoneses retornados todavía no representan una cifra significativa como para compensar la pérdida de población.
La inmigración también acusa la crisis. Siguen llegando a León gentes venidas de otros países, pero el ritmo de llegada se ha ralentizado casi tanto como se dispararon a lo largo del año pasado las cifras de paro y los indicadores de recesión económica.
La realidad evolutiva de la población hace temer a los estadistas que la situación no vaya a mejorar en los próximos años, teniendo en cuenta que en la época de crecimiento económico la población de León ha ido experimentando una recesión a la baja en los últimos años. «No hay extranjeros que se vengan a vivir a León cuando se jubila, como ocurre en el Levante, hay extranjeros que se van y la población leonesa no crece y además está envejecida», puntualiza López Trigal. La misma situación que se vive en España. En el 2008 se empadronaron en España 329.929 extranjeros más que el año anterior, lo que supone un incremento del 6,3%; la menor subida de la última década.