Análisis | V. BURGUETE
La luz al final del túnel
La industria hace frente a una reestructuración internacional
Los concesionarios comienzan a ver una luz tenue al final del túnel, que puede suponer el principio de un cambio hacia un mercado que tardará dos o tres años en recuperar el pulso. El reajuste del sector ha supuesto la pérdida de 18.000 empleos en la red de distribución y la desaparición del 10% de las empresas, pero este sector que aporta un 9% al PIB cuenta con la gracia del gobierno. Sin embargo, la concesión de ayudas no es suficiente en un sector que tiene que hacer frente a desafíos de ámbito internacional. Los trabajadores de Ssangyong encerrados en una fábrica de Corea del sur desde hace dos meses hace que un posible comprador se lo piense dos veces antes de adquirir un vehículo de esa marca. «¿Y si quiebra?, ¿Y que pasa luego con los repuestos?». De esta forma, una huelga del sureste asiático afecta a un negocio situado en Avenida Príncipe de Asturias. Afortunadamente, la integración de Porche en el fabricante de automóviles Wolsvagen o los beneficios de Ford (gracias a la reducción de su deuda porque continúa con pérdidas operativas) infunde confianza en un sector a medida que se define su reestructuración. No hay que olvidar que por mucho que se reduzcan los márgenes de venta, el sector del motor es un mercado muy consolidado. La madurez de la industria se demuestra en que los ingresos por reventa, golpes, averías y los considerados como atípicos (matriculación, seguro, financiación) superan los beneficios por venta al público. Sin duda, los distribuidores dan gracias a que el plan del gobierno contemplara 2.000 euros en ayudas y no 4.000, porque sino los concesionarios estarían en suspensión de pagos por falta de liquidez. También el sector ha de ser consciente de que la horquilla de recuperación rondará las 900.000 matriculaciones anuales, lejos de los 1,6 de años anteriores.