Reportaje | JOSÉ MARÍA CAMPOS
Publicidad en los años 40
La propaganda de posguerra y la publicidad comercial han sido una de las fuentes de investigación de nuestra historia

Un anuncio de los años 40 sobre el papel de fumar.
La profesora de historia contemporánea de la Uned de Madrid, Susana Sueiro Seoane fue la encargada de llevar a cabo dos ponencias del curso de verano que la Universidad de León celebra en Cistierna. La primera de ellas trató el tema Publicidad y propaganda de posguerra: los símbolos del nuevo estado franquista . Ante más de medio centenar de alumnos recordó que la propaganda comercial se había convertido en correa de transmisión de la propaganda política del régimen franquista, «siempre bajo el estricto control del Estado que revisó y corrigió, a través de los mecanismos de censura, todos los contenidos difundidos en los medios de comunicación, incluidos los publicitarios, con un celo reglamentista impresionante». Durante los primeros años del franquismo, los anunciantes, por convicción o por obligación, exteriorizaron su adhesión al nuevo régimen con saludos y bienvenidas entusiastas a Franco, al ejercito glorioso o a la Falange victoriosa. No obstante para la utilización de los símbolos y los héroes de la Cruzada como reclamo mercantil fue necesario solicitar previamente la autorización a un departamento de censura pública. Sueiro precisó que se había creado un ideal de autosuficiencia que se plasmó «en un patriótico y fervoroso culto al producto español y un desprecio de todo lo extranjero. Únicamente los nombres italianos y alemanes tuvieron cabida».
En la segunda ponencia se habló sobre «Sociedad y nacional catolicismo en los años 40 a través de la publicidad comercial». La profesora de la Uned recordó que la publicidad comercial de los años 40 es una valiosa fuente histórica y de análisis social ya que permite vislumbrar aspectos de la vida real de los españoles que no aparecían en las noticias debido a la férrea censura de los medios de comunicación. Las páginas de los periódicos se llenaron de anuncios que evidenciaban un mundo de carencias y penurias. Uno de los ejemplos de la publicidad está en que el caballero de la España nacional debía llevar sombrero. «Si en la España republicana habían dejado de verse sombreros por las calles y habían proliferado las boinas y gorras proletarias, en la España de Franco se condenó el sin sombrerismo». De ahí que un avispado sombrerero inventase un eslogan que hizo que subiera enormemente las ventas de su negocio: «Los rojos no usaban sombreros».
También la publicidad fue utilizada por la iglesia para restaurar las formas más tradicionales de religiosidad. «La iglesia, con el apoyo de la autoridad civil, veló celosamente por la moralidad de las costumbres».