De almacén de coloniales a museo

El alcalde y los ediles Luis Álvarez y Enrique Soto ante máquinas de hacer chocolate.
La fábrica de Gómez Murias fue construida entre los años 1887 y 1888, y pasó a manos de la familia Herrero -”el padre y dos tíos del último propietario-” en 1938. Aunque con algunas ampliaciones, la factura de fábrica original se conserva sustancialmente, así como la maquinaria y los útiles de fabricación. La firma se dedicó a lo largo de su historia a la elaboración de chocolates, mantecadas, pastas para sopa, velas de cera y harina, y funcionó también como tostadero de café y almacén de coloniales.
La maquinaria se conserva en buen estado y puede ser puesta en marcha para ilustrar al futuro visitante del museo sobre las actividades de la firma, indicó el alcalde. La propiedad también conservó envoltorios de sus productos, etiquetas, balanzas, útiles de laboratorio e incluso una oficina de época, junto a un tostador de cacao, molinos, descascarilladoras, silos, cernedores o triarbejones.
La fábrica cesó su actividad el 24 de agosto del 2001, y de ello quedó constancia en la anotación de las labores que realizaba cada uno de los turnos. El inmueble cerró sus puertas el 31 de agosto de ese año.