Diario de León

Obituario. Moisés Liébanamúsico de corporales

Maestro de los gaiteros leoneses

Moisés Liébana Voces.

Moisés Liébana Voces.

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E. Gancedo | León
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Maestro gaitero, sí. Ante todo y sobre todo. Por eso era famoso en las dos Cabreras y por eso fue inspiración constante para los nuevos músicos y grupos que no quisieron que la gaita desapareciera de nuestro horizonte cultural. Pero lo que quizá no sepan muchos es que la afición mayor que tenía Moisés Liébana Voces -fallecido ayer para dolor de todos los admiradores de la cultura tradicional y de los paisanos hechos de una pieza-, era la del saxofón. Incluso cuando los médicos le prohibieron tocarlo, a causa de una seria enfermedad en el labio, seguía soplándolo a hurtadillas en su casa de Corporales.

Desde la pipa de sabugo que se hizo con 10 años hasta lo que llamaba, tal cual, la jazban (la jazzband, batería de las primeras orquestas), tocaba cuanto instrumento caía en sus manos: suplía la falta de estudios con un enorme talento musical, con ese abrumador instinto creativo que sólo tienen -o tenían- los músicos tradicionales, esos que, por no haber medios, todo lo imaginaban, inventaban y recreaban. Y siempre con ilusión, humanidad y alegría. Siempre con una sonrisa, las manos encallecidas y una casa con vino propio abierta a cualquier persona que quisiera ir a verlo.

«Lo que quiero es que esto no se pierda. Si fallo yo, que siga adelante», decía Moisés con respecto a la gaita: tenía él una que causaba asombro en estudiosos y expertos; una vieja gaita leonesa sin edad conocida y de escala no temperada, a diferencia de la gallega y asturiana, hoy modernizadas . Nacido en Corporales en 1929, en su juventud trabajó de pastor en los montes de León y Zamora, pero después jamás abandonó su pueblo.

Hablaba el leonés de la Cabrera (y hacía bromas con él), recuperó la Danza del rey Nabuconodosor , una joya musical del siglo XVI, grabó discos con los Gaiteros del Viento, recibió homenajes... Hoy, El corrín , La raposa , La muñeira apaleada , todos sus llazos y canciones han quedado huérfanos. Como los que quedamos aquí, un poco más solos y más tristes sin poder escuchar, una vez más, el cantar de su roncón.

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