Diario de León

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La lucha estéril contra el sistema

Una mujer demanda desde hace casi una década a las administraciones una solución a las condiciones infrahumanas en las que vive su padre en Sabero

Aspecto de una de las habitaciones de la vivienda del padre de María José Jiménez.

Aspecto de una de las habitaciones de la vivienda del padre de María José Jiménez.

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m. almanza | león
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Se llama María José Jiménez y reside en Barcelona. Su padre, R.T.J.S., está separado de su esposa y vive en la vivienda de los abuelos en Sabero. En los últimos años el hombre ha ido sufriendo un constante deterioro físico, como consecuencia del alcoholismo que padece. La casa que ocupa se encuentra llena de basura, sucia, desordenada, y no tiene corriente eléctrica y, por tanto, tampoco ninguna fuente de calor en el invierno. Él mismo presenta un aspecto desaliñado, y padece grandes carencias alimenticias ya que su dieta se limita al consumo de conservas enlatadas. Se deja la mayor parte de sus ingresos en alcohol.

Estas condiciones en las que vive R.T.J.S., puestas ya de manifiesto en un informe emitido por el área de Bienestar Social de la Diputación en el año 2006, parecen no ser suficientes para que la administración tome cartas en el asunto. «Empecé a realizar gestiones entre los años 2002 y 2003, pero hasta ahora no he tenido éxito», asegura María Josè Jiménez, que reclama que se ponga fin a esta situación. La Junta y la Diputación han emitido informes sobre el caso, el Ayuntamiento también ha realizado gestiones. Todos aseguran que han actuado en el estricto marco de sus competencias, pero la solución no termina de llegar. La hija del afectado intentó en dos ocasiones una incapacitación de su padre, pero tampoco resultó.

R.T.J.S. posee la condición de minusválido desde el año 2000. Padece una limitación en la columna de origen degenerativo, trastorno de personalidad y dificultades de deambulación, así como problemas cardiovasculares que derivaron en la amputación de dos dedos de una mano, entre otras patologías. Ha sido objeto de varios ingresos en centros hospitalarios y privados, que al poco tiempo abandona de manera voluntaria. Se niega a recibir ayuda, no sigue ningún tratamiento médico. Ya en el año 2006, y en el marco del proceso que buscaba la incapacitación del afectado, las trabajadoras sociales del centro de salud y del Centro de Acción Social (Ceas) de Cistierna dejaron constancia en un informe de que R.T.J.S. se encontraba en una situación de abandono, desprotección y desamparo absolutos. Otros informes médicos de profesionales del Sacyl determinan que el hombre vive en la indigencia y es un consumidor habitual de servicios sanitarios o de protección civil, precisamente por padecer trastorno de personalidad con desadaptación social derivada del alcoholismo crónico que sufre. «No reúne capacidades para su autogobierno, dependiendo constantemente de la ayuda de terceras personas o de los servicios públicos», señalaba un facultativo ya en el año 2008. Varios profesionales de los servicios sociales que han intervenido en el asunto en los últimos años coinciden en señalar que R.T.J.S. no controla por sí solo cuestiones básicas para la vida diaria como su alimentación, medicación, higiene o vestido.

La supuesta obligatoriedad de una orden judicial para acceder al inmueble, la negativa de los empleados del Ayuntamiento de Sabero a limpiar la vivienda, la necesidad de determinar a qué administración corresponde la competencia de mantener la casa en condiciones salubres y a su inquilino atendido y cuidado, son algunos de los argumentos que le han sido facilitados a María José Jiménez a la hora de explicar la inacción de las diferentes instituciones a las que ha acudido.

El último intento de la hija del afectado por solventar el problema tampoco dio el resultado esperado. Jiménez recurrió al servicio territorial de Sanidad de León para informarle de las condiciones en las que reside su padre, a escasos metros de un supermercado «separado de la vivienda por una calleja», que comercializa productos frescos. «La basura que hay en la casa es la culpable de la presencia de ratas y moscas de gran tamaño, y provoca malos olores perceptibles desde la calle», explica la mujer. La respuesta recibida por parte de los servicios veterinarios que estudiaron el caso es que la situación de la casa no tiene influencia alguna en la actividad del establecimiento alimentario ni provoca una situación que requiera de una actuación inmediata.

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