Diario de León

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Ermita nueva de puro empeño

Los vecinos de Pardesivil estrenan el sábado su iglesia ya restaurada, que levantaron de las ruinas con su esfuerzo y los donativos recogidos en el pueblo.

Los trabajos para reconstruir la ermita se iniciaron en agosto del 2008. Este fin de semana celebrará su primera misa.

Los trabajos para reconstruir la ermita se iniciaron en agosto del 2008. Este fin de semana celebrará su primera misa.

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m. rabanillo | león
León

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Pardesivil estrenará el próximo sábado ermita gracias al empeño de todo un pueblo y después de más de tres años de trabajos. La aventura comenzó en agosto del 2008, según recuerda Encarna Fernández, una de las impulsoras del proyecto junto a su hermana María, presidenta de la Junta Vecinal. Las tareas de desescombro de la ermita —en ruinas desde hace más de 40 años— comenzaron de la mano de dieciocho personas «provistas de palas, hoces, azadas, carretillos y un tractor», apunta Encarna que recuerda a que los voluntarios aportaban «más voluntad que conocimientos técnicos» para sacar adelante un proyecto que salió adelante con apenas los donativos de la gente de Pardesivil y mucho esfuerzo.

 

Una fiesta por todo lo alto. La cita para «reinaugurar» la iglesia será a las doce y media del mediodía, con una misa que dirigirá el arcipreste del Curueño Porma, ayudado por el párroco. Ambos sustituirán al obispo de León, que se había comprometido a oficiar la misa y que finalmente ha excusado su presencia. «Será una fiesta por todo lo alto», avanza Encarna, que garantiza la presencia en el acontecimiento de todos aquellos que hicieron posible el milagro. Ese ‘todos’ incluye a «quienes aún tienen callos en las manos de trasegar con piedras y cementos, quienes nos alentaron y quienes recuerdan con añoranza que en aquellos soportales quedaron jirones de su infancia».

Atrás quedan los enfrentamientos que el pueblo tuvo con el Obispado por la titularidad de la ermita. Muros y trabas institucionales hoy «felizmente superados». «No hay que hacer más sangre», señala Encarna que prefiere olvidar los malos momentos pasados y quedarse con los buenos, como los ‘milagros’ que aparecían periódicamente para dar solución a problemas imposibles. Encarna menciona a Julio Melguizo, un arquitecto a quien «conseguimos contagiar nuestro entusiasmo mostrándose extremadamente generoso a la hora de pasar sus honorarios». Tampoco olvida a la geóloga Laura Fernández, que realizó el informe que se precisaba para poner en marcha las obras «sin cobrarnos por ello». A esta sucesión de buenas intenciones se sumaron dos albañiles, conocidos como «la pareja», «que intervinieron allí donde nosotros no podíamos llegar y a los que se pagaba cuando y como se podía»... además de un ingreso inesperado en la cuenta abierta para sufragar los gastos de la ermita «justo cuando más se necesitaba». También habla de Marco Rodríguez Robles, escultor de la zona, que ha levantado un cristo único para la iglesia del que se enorgullece todo el pueblo.

Y es que, afirma contundente Encarna, «San Tirso quería su ermita», como recordaba el padre Jaime R. Lebrato, uno de los dominicos del pueblo «que conoce bien las condiciones en que trabajábamos».

De aquellos esfuerzos, «soportando heladas que calaban los huesos y soles de justicia», viene ahora la compensación de tener en pie, de nuevo, «la ermita del pueblo», nunca mejor dicho.

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