No es óbice
Carta te escribo Martín Martínez
Querido hermano: Ahora que ha sufrido, en Sevilla, su primera derrota, es momento oportuno para no dar más largas a lo de Zapatero, que por dos veces venía aplazando. Los de aquí lo hemos conocido siempre ganador, desde aquel lejano día que en Astorga se llegó al famoso «pacto de la mantecada». Era un pipiolo que supo maniobrar, mover sillas, segar la hierba y encaramarse a la secretaría provincial de su partido. Pulsando un botón, o levantando el brazo, según se le ordenaba, vivió tan ricamente dando brillo a la poltrona del Congreso hasta el cambio de siglo. Tiempo este en el que Maquiavelo le sopló de nuevo, y él le sopló la secretaría general al del colmillo retorcido, el llamado Pepe Bono. Lo dejó mirando para Albacete, como años atrás había dejado a Barthe, Pérez, Natal y compañía.
Sí, hermano, ha sido un ganador nato; ciertamente con «baraka», con mucha suerte, pero hemos de reconocer que supo currársela. Le perdió no saber —o no querer, que también— rodearse de personas inteligentes, sino de incapaces y arribistas que mejor es silenciar. Así le fue. El pasado día 4, en Sevilla, creo que sufrió su primera y definitiva derrota. Perdió Chacón, su protegida hasta cierto punto; ganó Rubalcaba, el zorro de Cantabria; por tanto, perdió Zapatero y ganó ese otro zorro plateado, un tal Felipe González, buen maestro en maniobrar en la osbcuridad.
Pese a sus victorias; pese a sus garrafales y grandes fallos; pese a esta única y definitiva derrota, Zapatero, aunque sea con letras minúsculas, tendrá unas líneas —seguramente poco halagüeñas— en la historia de este país, llamado España.
Que fue un desastre como presidente a nivel nacional, no cabe duda. Que para la provincia de León fue una nulidad, está cantado. Sin embargo, hemos de decir, y te digo hermano, que León ciudad, los leoneses y vecinos aledaños, le debéis mucho a José Luis Rodríguez Zapatero. A golpe de egolatrismo, ahí tenéis un aeropuerto sin aviones, un Inteco casi desocupado, un centro de multas, la UME, el paso del crucero, Michaisa, lo de la Feve, y no digo nada del AVE y el «horror vacuo» del llamado palacio de congresos.
Los de Ponferrada que bailaban al compás de la jota berciana, se arreglaron con la Ciuden; y al resto nos dejó silbando melodías, que es una manera de ver pasar el temporal.
Por todo lo cual, querido, no es óbice, obstáculo, impedimento, estorbo, valladar, cortapisa o rajita de limón para que aquella idea lanzada, como posibilidad, hace unas semanas por el Trapi —no sé con qué intención— no se lleve a cabo. Pues un presidente del Gobierno, siempre es un presidente y en este caso León ciudad le debe agradecimiento. Recuerda que hace un siglo Astorga dedicó una calle al primer leonés (astorgano en este caso) que ocupó esa dignidad, aquel Manuel García Prieto. Si así fue, me digo, ¿por qué León no puede hacer lo mismo con este segundo en ocupar la más alta magistratura nacional? Hasta Nolete, que ya es decir, está una miaja de acuerdo con la propuesta, por aquello de vete a saber cuando la provincia podrá contar con un presidente, con todas las discapacidades que quieras. Claro que en Astorga —y en eso deberíais haber tomado ejemplo— se dedicó a García Prieto la calle nada más ser nombrado primer ministro; después, y aún antes, la cosa fue otra historia. Hubo discursos, cohetes, música y pasacalles. Hace ocho años hubiera sido la gran oportunidad teniendo, como teníais el viento a favor. Nadie se hubiera opuesto.
Los leoneses, los de la ciudad, sí que le debéis a José Luis; por mi parte, le debo una mano chamuscada, ya lo sabes, que un día puse sobre el fuego en su defensa. Pero que yo haya sido un ingenuo, en absoluto tiene que ver con que vosotros seáis agradecidos, que bien nacido sí que sois. Oye hermano, es una opinión. Vosotros decidís. Cuídate.