castrocalbón
Setecientos guardianes de la tradición
Pendoneros de veintiún pueblos se reúnen para celebrar la segunda concentración de enseñas que organiza la localidad.

Los pendones de camino al polideportivo.
Mientras que en cada rincón de la provincia aflora una bandera de España, otras enseñas, éstas de carácter popular pero igual de siginificativas, recorrieron ayer las calles de Castrocalbón. La plaza de La Sirenita reunió a cerca de setecientas personas que se desplazaron desde veintiún pueblos con sus pendones para participar en la segunda concentración de paños que organiza la localidad. Y como en toda fiesta que se precie, no faltaron las pastas, el bollo de boda, típico de Castrocalbón, ni los orujos, aguardientes, vinos y refrescos para cargar las fuerzas antes del desfile y paliar el calor, porque eso sí, el aire respeto a los pendoneros, pero el sol desde lo alto fue testigo directo de la colorida comitiva, donde el ambiente festivo compartió lugar con el sentimiento de saberse los guardianes de la tradición.
Pronto comenzaron a sonar las dulzainas y los tamboriles y, las castañuelas tampoco se hicieron esperar, de modo que a los pies de los asistentes no les quedó mas remedio que marcar los pasos de los bailes populares, las jotas y algún que otro pasodoble, que se confundieron con los últimos éxitos y los lemas futboleros.
A las doce del mediodía, el pendón anfitrión de un intenso azul y amarillo abrió camino hacia el barrio de arriba de Castrocalbón, dejando a la derecha las ruinas del viejo palacio y marcando el ritmo al resto de las enseñas. Tras una hora y media de recorrido, con una parada para refrescarse, los pendones llegaron de nuevo al punto de partida, para emprender desde ahí el último tramo del desfile y disfrutar de una comida de hermandad en el polideportivo.