Un adiós que se resiste

Los primeros encerrados volvieron a la bocamina en cuanto tuvieron . ocasión.

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León

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Los siete mineros que el miércoles abandonaron el pozo de Santa Cruz del Sil ante el riesgo que suponía para su salud los 52 días de encierro se resisten a abandonar la mina. En las primeras horas de su recuperada vida, ya en el exterior y junto a sus familias, la mayoría de ellos regresó a la boca de la montaña que durante casi dos meses los arropó en sus entrañas. Los más madrugadores fueron José Araújo y José Pérez Castillo (Picholas). La distancia que separa su pueblo —Matarrosa del Sil— del pozo en el que vivieron es mínima y lo primero que hicieron en cuanto pudieron fue regresar allí, por la mañana, para dar ánimos desde arriba a quienes les han cogido el relevo.

Para Araújo, el regreso fue una manera de ocupar un día que comenzó temprano ante el desorden del sueño. «Llevo despierto desde las cinco de la mañana», aseguró, explicando que no podía dormir y decidió levantarse para tumbarse en el sofá a ver la televisión. Y no es de extrañar que esto le ocurra, pues en el interior de la mina ya había dejado de existir el tiempo y su rutina era bien distinta a la que ahora debe retomar. También por la tarde, alrededor de las 18.00 horas, volvió Araújo a Santa Cruz. Y allí se encontró con algún compañero de encierro.

Segundo Porto Giráldez, el más dormilón de los siete —en palabras de sus propios compañeros— estaba ya sentado en la bocamina a las 17.30 horas. Llegó junto a su mujer, Ana Pereira. Ella más sonriente que nunca. Él inquieto, nervioso por estar fuera, cuando realmente quiere estar dentro, y pelado —completamente rapado y sin la barba que el miércoles a medianoche poblaba su rostro—. Desde luego que no tuvo problemas para dormir, como tampoco los tenía dentro, y —según garantizó— no ha sentido malestar alguno. Lo más molesto, la luz, pero para eso existen las gafas de sol. «Parece que fue ayer cuando me encerré. La noche la pasé bien pero tengo una sensación amarga porque sabes que no has conseguido tu objetivo», que no era otro que salir con una solución bajo el brazo. Aún así adelanta que no han sido derrotados sino que han salido para luchar fuera.

Palabras que el miércoles mismo, recién salido del pozo, ya avanzó Primitivo Basalo, quien ayer sí noto el cansancio propio del encierro después de abandonarlo con una gran entereza, una vitalidad sorprendente y sin rastro de flaqueza. Tivo —como lo llama su gente— tenía ganas de dormir y durmió, hasta la siesta. También Alfredo González Carro descansó en casa y decidió dejar para hoy el regreso a la bocamina. Este minero de Susañe del Sil durmió «muy bien» y se levantó con tantas ganas de ver el día que salió al balcón sin gafas. Eso sí, tuvo que recular. Después, ya con los ojos cubiertos, paseó hasta la hora de comer con sus hijos. La tarde fue para las visitas.

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Así pasaron sus primeras horas algunos de los primeros héroes de Santa Cruz del Sil.