El encierro sin rostro
Los mineros del relevo cumplen 24 horas de encierro con un gran hermetismo para la toma de imágenes. Entraron con el rostro cubierto para «no quitar protagonismo» a los que salían y frenar la «presión mediática».

Daniela Ivanova, esposa de Ivo Nitkov.
Entraron en el pozo de Santa Cruz del Sil subidos en una vagoneta y tratando de ocultar al máximo sus rostros, y pasadas las primeras 24 horas desde el inicio de su encierro sigue sin haber imágenes de los cinco hombres que han sustituido a los siete de Santa Cruz en la lucha en defensa del carbón desde el interior de la mina. Alguna cara se ha visto sólo gracias a los objetivos indiscretos de los fotógrafos. Caras a las que de momento no se les puede atribuir una identidad. No hay imágenes pero en cambio sí hay voz. Miguel Ángel González habló ayer con Diario de León a través del teléfono. Explicó que está con ánimos aunque le ha costado dormir y que, al igual que sus antecesores, la idea de todos es no abandonar la galería hasta que el Gobierno les dé una solución. Si lo consiguen o no, no está en su mano.
El hermetismo con el que se ha abordado el relevo de los siete de Santa Cruz es algo que se cuestiona en las cuencas. Ante más de 2.000 personas y a escasos minutos de la salida de los primeros encerrados, los cinco sumergieron su rostro en la oscuridad del vagón que los introdujo en la mina intentando ocultar su identidad.
La versión del comité de empresa es que ninguno quería empañar la salida de sus siete compañeros y el que de momento ningún medio de comunicación pueda entrar responde a una decisión propia de los encerrados. Así lo explicó el responsable de seguridad del Grupo Santa Cruz, José Luis Núñez. «En un principio ellos dijeron que no querían tanta presión mediática como la que han soportado sus compañeros», explicó el sindicalista, asegurando, eso sí, que habrá visitas a la galería. Necesitan adaptarse al cambio y digerir lo que han empezado.
Por su parte, uno de los responsables de la empresa mostró su disconformidad con que los medios de comunicación accedan a la mina. «Esto no es un circo», aseguró, considerando que las aglomeraciones de periodistas son correctas en la bocamina pero que si por él fuera no entraría nadie al apartamento que los cinco mineros han heredado en el interior de la montaña.
Pese a no poder ponerles cara, los nuevos encerrados han empezado un día a día que en poco o nada difiere del de sus predecesores. Bueno, sí, hay una diferencia y es que «se han llevado al canario Engaño», lamentó Miguel Ángel González.